martes, 3 de noviembre de 2009

Usos y costumbres de la sociedad decimonónica

Como comportarse en sociedad
La esposa del señor Presdiente Don Porfirio Díaz ,Carmelita Romero Rubio le enseño al señor Presidente que no era correcto: Escupir en los tapetes, usar palillo para escarbarse los dientes después de comer, poner los codos sobre la mesa, hacer buches, andar desaliñado: "Porfirio: córtate el bigote, no olvides usar tus polvos de arroz que son los que te blanquean, como la gente decente.
Pero no sólo el señor presidente padeció todos estos regaños de buenos modales.

La modernización no sólo exigía transformar a las ciudades más importantes del país sino también racionalizar a la sociedad e incidir en los hábitos y el aspecto de sus habitantes. Las elites deseaban que los mexicanos adoptaran las prácticas que ellos habían hecho suyas y que consideraban positivas para el progreso material y moral de la nación y para el bienestar de los propios individuos.

Por otro lado, pretendieron que fueran trabajadores, ahorrativos y que no se emborracharan ni apostaran, pues pensaban que así tendrían dinero para vestir a su familia “decente”, o lo que era lo mismo, a la europea.
¿Como ilustrarse en las artes del buen comportamiento?

El papel fundamental de la mujer como madre y esposa es reforzado con manuales de urbanidad, las revistas femeninas, las imágenes publicitarias, las novelas de folletín para señoras y los sermones repartidos en forma de hoja suelta y que llegaban al público femenino que describía las costumbres y los rituales , las distracciones y las modas.

Los manuales estaban dirigidos al sector social “más educado”, evidentemente el que sabía leer y escribir, o cuando menos leer. Los manuales estaban asociados para la comunidad urbana, sectores medios ilustrados y seguidores fieles de una tradición cristiana. Por tanto, se pueden considerar como la expresión de quienes algún tipo de instrucción y por consiguiente concedían a la escritura un lugar “como estrategia modernizante y civilizada”.

Si consideramos que en 1895 sólo el 14 % de la población sabía leer y escribir en 1910 dicha proporción había aumentado apenas un 20 %. Sin embargo, la gran cantidad de publicaciones que hubo en ésta época nos indica que un mayor porcentaje de la población gozaba de la lectura.


Ideal de mujer y de varón

En principio podemos suponer que todas las mujeres y los hombres del mismo nivel social hacían las mismas cosas en su espacio privado, público y en la vida diaria.
El matrimonio siguió siendo el momento culminante en la vida de las mujeres y se organizó con mucho cuidado: una preocupación en la vida de la futura esposa y de la propia desposada.
De acuerdo con los manuales de urbanidad las mujeres de la ciudad de Tulancingo deberían casarse a la edad de 18 años.



De lo contrario tendrían que evocar al milagroso San Antonio:
San Antonio milagroso
Yo te suplico llorando
Que me des un buen esposo
Porque ya me estoy pasando

En cuanto a las características del vínculo matrimonial, tanto el canónico como el civil, con excepción de contadas circunstancias, consideraban al matrimonio como un lazo indisoluble, por lo que prohibían el divorcio.
El modelo de conducta para la buena armonía de la sociedad y de la familia se refleja, se refleja en la epístola redactada por Melchor Ocampo que se leía a los contrayentes al momento de casarse, establecía como obligación del varón:
El hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil.
La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo.

En lo tocante a los deberes asignados a los contrayentes, era común en la época considerar que el marido estaba obligado a proteger a la familia y dotarla de sustento económico.
Así, mientras el varón podía salir al mundo público, se consideraba como deseable que ella permaneciera en el hogar y se veía mal que anduviera en la calle, es decir, se reservaba el ámbito doméstico. La separación de funciones y de espacios se justificaba con argumentos supuestamente “científicos”, pues se decía que cada género poseía atributos orgánicos que lo destinaban a cumplir con su misión.

Educación ¿Para qué?

La educación que se impartía a las mujeres obedecía a este esquema. No se buscaba educarlas para que fueran capaces de trabajar fuera del hogar, sino para que fueran buenas esposas y madres. Así, se les enseñaba a leer y escribir, a hacer cuentas y las “labores mujeriles”, como la costura. Si bien la ley no les impedía ingresar a instituciones de enseñanza superior, ello no estaba bien visto por la comunidad y las familias lo prohibían, por lo que muy pocas jóvenes lo hicieron.
En el caso de la familia de clase baja la asimilación de esta ideología hizo que la subordinación de la mujer sirviera para desvanecer la conciencia de clase, ya que el hecho de que él se considere superior a ella lo gratifica y le hace más aceptable la situación de inferioridad con respecto a la clase en el poder.
En los manuales de higiene, en las revistas dirigidas a la familia e incluso en las aulas, se difundió la idea de lavar el cuerpo y la ropa era requisito para la salud. La falta de baño se debía principalmente a la carencia de agua en la vivienda o a la escasez de establecimientos públicos que ofrecieran estos servicios.
Era costumbre de las familias asistir a los espacios públicos escenario de festividades. Diferente trato se les confirió a las fiestas religiosas y a las cívicas. Las autoridades se esforzaron por suprimir las primeras, que eran vistas como signo de atraso o como una invitación al desorden por las autoridades. Sin embargo muchas de ellas siguieron celebrándose.

Las actividades cívicas sirvieron para difundir la visión de la historia y exaltar a los héroes esenciales del régimen, además de cómo pretexto mostrar los adelantos del ejército, pues las fiestas culminaban con desfiles militares o hacer patente el progreso de la nación.


La sociabilidad

Las familias acomodadas adoptaron espacios modernos de convivencia y sociabilidad, como las asociaciones y los clubes. Las principales ciudades se crearon sociedades cuyos miembros se reunían periódicamente para comentar trabajos científicos o literarios. Por otro lado, se fundaron clubes como el francés, el italiano, el alemán, el español, donde se conversaba, se acordaban negocios o se organizaban bailes. Los bailes de los grupos privilegiados se efectuaban en sitios especiales.
Por su parte, las clases medias solían asistir a bailes auspiciados por las sociedades mutualistas; por ejemplo, También existieron bailes públicos, estas fiestas contaban con permiso del ayuntamiento para extenderse hasta la madrugada, pero fueron objeto de recelo y vigilancia pues se decía que en ellas se bailaban danzas indecentes, como el danzón, y se cometían todo tipo de anormalidades y laboraban prostitutas clandestinas.

El tiempo libre

El Estado, en su afán por ordenar a la sociedad y moldear la conducta de los hombres, normó el uso del tiempo libre. Se creía que el ocio propiciaba el vicio, mientras que las costumbres, la moral y la vida familiar se verían beneficiadas si el individuo pasaba sus horas de asueto en compañía de su esposa e hijos, asistiendo a diversiones sanas o practicando deportes.
Por otro lado, las comunidades de extranjeros que habitaban el país practicaban los deportes propios de sus países y los mexicanos los imitaban. Por ejemplo, el fútbol de los ingleses predominó en ciudades como Pachuca.

Las buenas costumbres estuvieron sujetas a la moderación de la conducta como lo explica el Manual de Carreño:
"Acostumbrémonos a ejercer sobre nosotros todo el dominio que sea necesario para reprimirnos en medio de las más fuertes impresiones. Las personas cultas y bien educadas no se entregan jamás con exceso a ninguno de los afectos del ánimo: y sean cuales fueren los sentimientos que las conmuevan, ellas aparecen más o menos serenas, con más o menos fuerza de espíritu, pero siempre moderadas y discretas, siempre llenas de dignidad y decoro. Los gritos descompasados del dolor, de la sorpresa o del miedo, los saltos y demás demostraciones de alegría y de entusiasmo, los arranques de ira, son tan característicos de las personas vulgares, como la impasibilidad, la indiferencia y el indolente estoicismo de las personas de mala índole y de una alma innoble y sombría".



Comentario Final
A manera de conclusión se puede afirmar que en la reiteración del discurso sobre un ideal femenino, el contenido no se contradice en los textos. Por el contrario, en ellos se percibe la intencionalidad en la forma narrativa de la reproducción de la ideología tradicional y católica que hace evidentes las paradojas y contradicciones de esta representación de la mujer “ideal”, donde se conjuga el “deber ser” con una realidad que las enfrenta y contrapone con el discurso. Evidentemente hay un cambio constante en las prácticas sociales que hace distinta la realidad donde la mujer opera; sin embargo, estos cambios son difíciles de percibir en el discurso analizado. El problema está en los modos como dicho discurso se apropia y se aplica de manera intencional y diferenciada en un tiempo determinado. Sólo con el estudio cuidadoso de estas prácticas es posible percibir las distintas modalidades en el comportamiento femenino, frente a un discurso que parece inconmovible.

2 comentarios:

  1. Articulo muy importante que llena nuestra ignorancia fruto de una educación en la cual esta época no es motivo de mayor estudio, en ocasiones de nada.

    Estoy muy interesado en relacionar esta época y todo lo aquí citado con el surgimiento de la escuela (como institución educativa de primeras letreas). Creo que es en esta transformación social en la cual se entiende el surgimiento de la escuela.

    Una pregunta: según lo aquí plateado, el aprender a leer y escribir se entendía más importante para la mujer que para el hombre (hablando de la sociedad en general)? . si la respuesta es afirmativa, podría ser por que para el trabajo en general el leer y escribir no era una necesidad hasta la época? O dicha necesidad solo esta empezando a surgir?

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  2. hola, me parece interasnte tu articulo, solo una pregunta: cuáles son las fuentes que utilizaste para desarrollarlo?

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