martes 3 de noviembre de 2009

Usos y costumbres de la sociedad decimonónica

martes 3 de noviembre de 2009
Como comportarse en sociedad
La esposa del señor Presdiente Don Porfirio Díaz ,Carmelita Romero Rubio le enseño al señor Presidente que no era correcto: Escupir en los tapetes, usar palillo para escarbarse los dientes después de comer, poner los codos sobre la mesa, hacer buches, andar desaliñado: "Porfirio: córtate el bigote, no olvides usar tus polvos de arroz que son los que te blanquean, como la gente decente.
Pero no sólo el señor presidente padeció todos estos regaños de buenos modales.

La modernización no sólo exigía transformar a las ciudades más importantes del país sino también racionalizar a la sociedad e incidir en los hábitos y el aspecto de sus habitantes. Las elites deseaban que los mexicanos adoptaran las prácticas que ellos habían hecho suyas y que consideraban positivas para el progreso material y moral de la nación y para el bienestar de los propios individuos.

Por otro lado, pretendieron que fueran trabajadores, ahorrativos y que no se emborracharan ni apostaran, pues pensaban que así tendrían dinero para vestir a su familia “decente”, o lo que era lo mismo, a la europea.
¿Como ilustrarse en las artes del buen comportamiento?

El papel fundamental de la mujer como madre y esposa es reforzado con manuales de urbanidad, las revistas femeninas, las imágenes publicitarias, las novelas de folletín para señoras y los sermones repartidos en forma de hoja suelta y que llegaban al público femenino que describía las costumbres y los rituales , las distracciones y las modas.

Los manuales estaban dirigidos al sector social “más educado”, evidentemente el que sabía leer y escribir, o cuando menos leer. Los manuales estaban asociados para la comunidad urbana, sectores medios ilustrados y seguidores fieles de una tradición cristiana. Por tanto, se pueden considerar como la expresión de quienes algún tipo de instrucción y por consiguiente concedían a la escritura un lugar “como estrategia modernizante y civilizada”.

Si consideramos que en 1895 sólo el 14 % de la población sabía leer y escribir en 1910 dicha proporción había aumentado apenas un 20 %. Sin embargo, la gran cantidad de publicaciones que hubo en ésta época nos indica que un mayor porcentaje de la población gozaba de la lectura.


Ideal de mujer y de varón

En principio podemos suponer que todas las mujeres y los hombres del mismo nivel social hacían las mismas cosas en su espacio privado, público y en la vida diaria.
El matrimonio siguió siendo el momento culminante en la vida de las mujeres y se organizó con mucho cuidado: una preocupación en la vida de la futura esposa y de la propia desposada.
De acuerdo con los manuales de urbanidad las mujeres de la ciudad de Tulancingo deberían casarse a la edad de 18 años.



De lo contrario tendrían que evocar al milagroso San Antonio:
San Antonio milagroso
Yo te suplico llorando
Que me des un buen esposo
Porque ya me estoy pasando

En cuanto a las características del vínculo matrimonial, tanto el canónico como el civil, con excepción de contadas circunstancias, consideraban al matrimonio como un lazo indisoluble, por lo que prohibían el divorcio.
El modelo de conducta para la buena armonía de la sociedad y de la familia se refleja, se refleja en la epístola redactada por Melchor Ocampo que se leía a los contrayentes al momento de casarse, establecía como obligación del varón:
El hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil.
La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo.

En lo tocante a los deberes asignados a los contrayentes, era común en la época considerar que el marido estaba obligado a proteger a la familia y dotarla de sustento económico.
Así, mientras el varón podía salir al mundo público, se consideraba como deseable que ella permaneciera en el hogar y se veía mal que anduviera en la calle, es decir, se reservaba el ámbito doméstico. La separación de funciones y de espacios se justificaba con argumentos supuestamente “científicos”, pues se decía que cada género poseía atributos orgánicos que lo destinaban a cumplir con su misión.

Educación ¿Para qué?

La educación que se impartía a las mujeres obedecía a este esquema. No se buscaba educarlas para que fueran capaces de trabajar fuera del hogar, sino para que fueran buenas esposas y madres. Así, se les enseñaba a leer y escribir, a hacer cuentas y las “labores mujeriles”, como la costura. Si bien la ley no les impedía ingresar a instituciones de enseñanza superior, ello no estaba bien visto por la comunidad y las familias lo prohibían, por lo que muy pocas jóvenes lo hicieron.
En el caso de la familia de clase baja la asimilación de esta ideología hizo que la subordinación de la mujer sirviera para desvanecer la conciencia de clase, ya que el hecho de que él se considere superior a ella lo gratifica y le hace más aceptable la situación de inferioridad con respecto a la clase en el poder.
En los manuales de higiene, en las revistas dirigidas a la familia e incluso en las aulas, se difundió la idea de lavar el cuerpo y la ropa era requisito para la salud. La falta de baño se debía principalmente a la carencia de agua en la vivienda o a la escasez de establecimientos públicos que ofrecieran estos servicios.
Era costumbre de las familias asistir a los espacios públicos escenario de festividades. Diferente trato se les confirió a las fiestas religiosas y a las cívicas. Las autoridades se esforzaron por suprimir las primeras, que eran vistas como signo de atraso o como una invitación al desorden por las autoridades. Sin embargo muchas de ellas siguieron celebrándose.

Las actividades cívicas sirvieron para difundir la visión de la historia y exaltar a los héroes esenciales del régimen, además de cómo pretexto mostrar los adelantos del ejército, pues las fiestas culminaban con desfiles militares o hacer patente el progreso de la nación.


La sociabilidad

Las familias acomodadas adoptaron espacios modernos de convivencia y sociabilidad, como las asociaciones y los clubes. Las principales ciudades se crearon sociedades cuyos miembros se reunían periódicamente para comentar trabajos científicos o literarios. Por otro lado, se fundaron clubes como el francés, el italiano, el alemán, el español, donde se conversaba, se acordaban negocios o se organizaban bailes. Los bailes de los grupos privilegiados se efectuaban en sitios especiales.
Por su parte, las clases medias solían asistir a bailes auspiciados por las sociedades mutualistas; por ejemplo, También existieron bailes públicos, estas fiestas contaban con permiso del ayuntamiento para extenderse hasta la madrugada, pero fueron objeto de recelo y vigilancia pues se decía que en ellas se bailaban danzas indecentes, como el danzón, y se cometían todo tipo de anormalidades y laboraban prostitutas clandestinas.

El tiempo libre

El Estado, en su afán por ordenar a la sociedad y moldear la conducta de los hombres, normó el uso del tiempo libre. Se creía que el ocio propiciaba el vicio, mientras que las costumbres, la moral y la vida familiar se verían beneficiadas si el individuo pasaba sus horas de asueto en compañía de su esposa e hijos, asistiendo a diversiones sanas o practicando deportes.
Por otro lado, las comunidades de extranjeros que habitaban el país practicaban los deportes propios de sus países y los mexicanos los imitaban. Por ejemplo, el fútbol de los ingleses predominó en ciudades como Pachuca.

Las buenas costumbres estuvieron sujetas a la moderación de la conducta como lo explica el Manual de Carreño:
"Acostumbrémonos a ejercer sobre nosotros todo el dominio que sea necesario para reprimirnos en medio de las más fuertes impresiones. Las personas cultas y bien educadas no se entregan jamás con exceso a ninguno de los afectos del ánimo: y sean cuales fueren los sentimientos que las conmuevan, ellas aparecen más o menos serenas, con más o menos fuerza de espíritu, pero siempre moderadas y discretas, siempre llenas de dignidad y decoro. Los gritos descompasados del dolor, de la sorpresa o del miedo, los saltos y demás demostraciones de alegría y de entusiasmo, los arranques de ira, son tan característicos de las personas vulgares, como la impasibilidad, la indiferencia y el indolente estoicismo de las personas de mala índole y de una alma innoble y sombría".



Comentario Final
A manera de conclusión se puede afirmar que en la reiteración del discurso sobre un ideal femenino, el contenido no se contradice en los textos. Por el contrario, en ellos se percibe la intencionalidad en la forma narrativa de la reproducción de la ideología tradicional y católica que hace evidentes las paradojas y contradicciones de esta representación de la mujer “ideal”, donde se conjuga el “deber ser” con una realidad que las enfrenta y contrapone con el discurso. Evidentemente hay un cambio constante en las prácticas sociales que hace distinta la realidad donde la mujer opera; sin embargo, estos cambios son difíciles de percibir en el discurso analizado. El problema está en los modos como dicho discurso se apropia y se aplica de manera intencional y diferenciada en un tiempo determinado. Sólo con el estudio cuidadoso de estas prácticas es posible percibir las distintas modalidades en el comportamiento femenino, frente a un discurso que parece inconmovible.

viernes 23 de octubre de 2009

El invento de la homosexualidad en México...crónica de un baile de bigotes y abanicos

viernes 23 de octubre de 2009
En los albores del siglo XX mexicano, la sociedad porfiriana, sujeta a una rígida moral no estaba dispuesta a ver o soportar conductas fuera de lugar.
Corría el año 1901 y en la madrugada del 18 de Noviembre...un agente de la policía haciendo su rutinaria recorrida...nota que en la calle de la Paz…se estaba celebrando un baile…llamo a la puerta para verificar si contaban con el permiso correspondiente ...de acuerdo con lo que cuenta el periódico de la época…”El popular”….“salió a abrirle un afeminado…vestido de mujer...con la falda recogida…la cara y los labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso su habla” Espantado por la figura..el policía ingresa a la casa...y se encontró con la fiesta que celebraban 41 homosexuales…19 de ellos vestidos de mujer.
A pesar de los esfuerzos de Díaz por acallar a la prensa y evitar el "escándalo", la cobertura periodística dio tintes de chisme nacional a la noticia. Aquí una nota informativa de la época:
"La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a. calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos.
No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos."
En una hoja suelta se pueden leer los siguientes versos:
"Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ [...] /La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ [...]". Con el subtítulo "Aquí están los maricones muy chulos y coquetones", los versos rezan: "Hace aún muy pocos días/ Que en la calle de la Paz,/ Los gendarmes atisbaron/ Un gran baile singular.// Cuarenta y un lagartijos/ Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ Bailaban como el que más.// La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ Gozaban al estrechar/ A los famosos jotitos.// Vestidos de raso y seda/ Al último figurín,/ Con pelucas bien peinadas/ Y moviéndose con chic."
"Abanicos elegantes/ Portaban con gentileza,/ Y aretes ó dormilonas/ Pasados por las orejas.// Sus caras muy repintadas/ Con albayalde ó con cal,/ Con ceniza ó velutina..../ ¡Pues vaya usté á adivinar!// Llevaban buenos corsés,/ Con pechos bien abultados/ Y caderitas y muslos....../ Postizos....pues está claro.// El caso es que se miraban/ Salerosas, retrecheras/ Danzando al compás seguido/ De música ratonera.// Se trataba, según dicen, / De efectuar alegre rifa/ De un niño de catorce años,/ Por colmo de picardías.// Cuando más entusiasmados/ Y quitados de la pena,/ Se hallaban los mariquitos/ Gozando de aquella fiesta.// Pum! que los gendarmes entran/ Sorprendiendo á los jotones!/ Y aquello si fué de verse..../ ¡Qué apuros y que aflixiones!// Algunos quieren correr,/ O echarse dentro el común/ Otros quieren desnudarse/ A otros les dá el patatús.// Una alarma general..../ Lloran, chillan, y hasta ladran,/ ¡Qué rebumbio! ¡Qué conflictos!/ Pero ninguno se escapa.// A todos, uno por uno/ La policía los recoje,/ Y á Tlapisquera derecho/ Se los va llevando al trote".
Las crónicas de los primeros días insisten: son 42 los detenidos. Luego, quedan 41, así nomás, y eso aviva el rumor que será leyenda que será "verdad histórica": el prófugo, que paga a precio de oro su libertad y al que se le permite huir por las azoteas, es don Ignacio de la Torre, casado con la hija de Porfirio Díaz. Más que ningún otro hecho, la presencia del Primer Yerno de la Nación señala la Redada y le confiere el ingreso firme a la memoria histórica, pese a la imprecisión de las noticias, la ausencia de foto y el que del grupo sólo tres proporcionan su nombre verdadero: Jesús Solórzano, Jacinto Luna y Carlos Zozaya.
A la presencia mitológica de Nacho de la Torre se unen los pertenecientes "a familias conocidas y de buena posición". El Popular ataca: "además de eso, va resultando que todos son pollos gordos, algunos riquillos que la portan; criados en paños azules".
Los ataques a la moral no debieron ser tantos, porque en la siguiente etapa, el número de los enviados a Yucatán, de leva en el Ejército, ya se ha reducido considerablemente. Son apenas 19. Sin temor de calumniar la honradez proverbial del aparato de justicia en el México de 1901, es seguro que 22 o 23 víctimas de la Redada compran su libertad, El Popular (24 de noviembre de 1901) explica la merma sin demasiada convicción:
Ya escrito lo anterior (los acontecimientos) y con datos adquiridos de buena fuente, sabemos, y esto lo declaramos porque es honrado hacerlo, que entre muchos de los aprehendidos por la policía en el baile de la Cuarta calle de la Paz, había algunos individuos que fueron víctimas de un verdadero chasco pues que en las primeras horas de la noche del domingo se repartieron en varias cantinas unas tarjetas firmadas por una señora Vinchi en las que se invitaba a un baile en la casa citada esa misma noche.
Como era natural, hubo algunos que supusieron se trataba de unos tantos bailes que se dan en ciertas casas y acudieron para llevarse el gran chasco que ahora deben lamentar hondamente.
¡Oh ingenuidades de la prensa vendida! El redactor de El Popular sabía seguramente que ningún lector le creería, pero la estrategia del ocultamiento sólo tiene un propósito: que el costo entero de la Redada lo paguen los travestis. Y esto se consigue con alguna variante. La prensa se escandaliza ante el reclutamiento forzado. Así, Daniel Cabrera se indigna y escribe en El Hijo del Ahuizote el artículo "La aristocracia de Sodoma al servicio nacional":
...pero si podemos decir que hasta hoy las autoridades políticas han considerado al servicio de las armas como un castigo, han confundido los cuarteles con las casas de corrección y con las cárceles y a los abigeos, a los vagos, a los incorregibles, les penan haciéndoles cargar el fusil, como en tiempos atrás se hacía empuñar la pata a los huéspedes de las Acordadas.
El ejército no puede recibir en sus filas a individuos que han abdicado de su sexo, la Nación no debe honrar con el ahogo ni a quienes se han degradado con los usos del colorete y los vestidos de las prostitutas, ni a los que les sirvieron de parejas.
Afortunadamente, la mordaza que ponen en nuestro labio el respeto al pudor y las buenas costumbres, no puede impedirnos protestar por honra del Ejército, guardián de la paz y parte de la sociedad en que vivimos, contra la consignación de los pederastas al servicio de las armas nacionales. (24 de noviembre de 1901) La lista de los 41 nunca se divulga y a ninguno de los personajes conocidos se le delata por escrito. Se aplasta la perversión, pero si los pervertidos son ricos sus nombres se confían a los patíbulos del chisme. A los gays de la élite los invisibilizan sus vínculos con el poder, y sólo padecen las asechanzas del rumor, aureola de la degradación y fiesta de los necesitados de superioridad moral instantánea. Y nadie desmiente nunca (sería disminuir el hecho nefando) la presencia en la fiesta de Nacho de la Torre.
Queda una pregunta: ¿por qué el poder absoluto del dictador no elimina los rumores sobre su yerno? De seguro porque ciudad todavía chica infierno divulgado. ¿Y a qué otras personas se les endilga el milagrito de los 41? Además de Antonio Adalid la información es vaguísima. El periodista y cronista Alfonso Taracena cita con encono al periodista Chucho Rábago, y el chismerío antiguo de Sinaloa incluye a un hacendado, el solterón Alejandro Redo, que manda construir un aviario de grandes dimensiones en donde pasa las tardes. Los demás "aristócratas pervertidos" muy posiblemente se asilan en sus matrimonios o emigran.
Lo más significativo de la Redada de los 41 es, reiteradamente el hecho mismo de la detención arbitraria y sin asideros legales de un grupo que se divierten una noche de sábado. Se alegó que los 41 "carecían de permiso" para efectuar la fiesta. En las crónicas de época jamás se menciona la exigencia de permisos o notificaciones previas de reuniones. Por eso no extraña el comentario de El Hijo del Ahuizote (noviembre de 1901).
¿Qué piensan de sí mismos los detenidos en el baile de Los 41? A estas alturas es imposible entrevistarlos y a través de las circunstancias de la época es imposible no entrevistarlos. Se consideran seres alojados en la anormalidad que es simultáneamente el presidio de los pecadores y el edén de los gozadores; se piensan mujeres atrapadas en cuerpo de hombres; se sienten víctimas de un perverso designio de Dios; se juzgan desviaciones que arrasan por instantes con los controles de la formación católica. Nacieron así y se han construido no como homosexuales (el término no circula), sino como la especie doble o triplemente degradada: los maricones, sean clandestinos o no tengan ya nada que perder. Si, de acuerdo a Didier Eribon, todo homosexual aprende a hablar dos veces, en su segundo aprendizaje los invertidos del porfiriato, anhelan el equilibrio entre la hipocresía (que es sobrevivencia) y el apetito sexual que cuando se desata hace añicos las imposiciones de la Decencia.
Aunque no lo parezca, la Redada, por así decirlo, inventa la homosexualidad en México. Para empezar, ya los que comparten las inclinaciones están al tanto de su suerte: pudieron formar parte de los 41, y se salvaron al menos esa vez. Al precisar el límite social y penal de los homosexuales, la Redada hace vislumbrar las fragilidades del determinismo. Si el estigma cubre a todos, los castigos físicos sólo a unos cuantos les llegan, y no todos ni muchos menos tendrán que barrer las calles en algún momento. Por más desconfiado que sea, por más en secreto que viva, cada homosexual luego de la Redada ya no se siente solo: en el espíritu de la orgía interrumpida, le acompañan los otros 41, y los secundan también los gendarmes. Diversión y represión. Si los homosexuales ya existían y el Baile delata una mínima pero ya y sólida organización social la Redada, al darle el nombre ridiculizador a la especie (Los 41), modifica el sentido de esa colectividad en las tinieblas: de anomalías aisladas ascienden a la superficie del choteo, y esta primera visibilidad es un paso definitivo.

lunes 5 de octubre de 2009

Las letras prohibidas por la inquisición...el silencio del virreinato

lunes 5 de octubre de 2009
Cualquier mexicano en la actualidad, podrá encontrar, sin muchos problemas, una copia de la película inglesa Las relaciones peligrosas (Dangerous Liaisons, 1988), dirigida por el inglés Stephen Frears y las actuaciones estelares de John Malkovich, Glenn Close y de Michelle Pfeiffer.
Con un poco más de interés, hallará una traducción al castellano de la novela homónima que le dio origen, Les Liaisons dangereuses, escrita en 1781 por el francés Pierre Ambroise François Choderlos de Laclos, un general brigadier del ejército napoleónico.
Lo que pocos entre estos consumidores culturales nacionales podrían imaginar, es que durante el Virreinato, cuando el territorio mexicano era administrado por la Corona Española, el acceso a esta lectura era muy difícil. Y no sólo porque los libros eran privilegio de ciertas clases sociales, pues eran caros y había muy pocos letrados, sino porque durante ese periodo, la novela, editada en Ámsterdam en 1783, fue prohibida por “obscena en sumo grado” por el temible Tribunal del Santo Oficio.
Es decir, leerla y ser descubierto hubiera implicado enfrentar a la Santa Inquisición.Aunque los delitos que perseguía el Tribunal del Santo Oficio eran muy variados, y su número ascendía a 120, los relacionados con los libros prohibidos eran tan abundantes que ocupaban el quinto lugar. Y la lista estaba encabezada por todas las publicaciones de Martín Lutero y sus partidarios, pues se consideraba que el vulgo no tenía por qué enterarse de las diferencias teológicas en la Iglesia.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII la institución prefería publicar edictos tres o cuatro veces al año con un promedio de 150 títulos, tanto con prohibiciones locales como con las enviadas por el Vaticano o por la Corona. El que desobedeciera el edicto se enfrentaba a la excomunión mayor, es decir, que era expulsado del cristianismo. Y esto, podía tener consecuencias más que espirituales, por ejemplo, si enfermaba, nadie de la comunidad católica podía asistirle.
En estas prohibiciones existían tres categorías. Primero los prohibidos absolutamente “aún para los que tienen licencia para leer libros prohibidos”; después los prohibidos in totum (es decir, en total) y finalmente los mandados expurgar, es decir, aquellos de los que sólo se censuraban palabras o párrafos, ya sea mediante tachones o pegando hojas blancas encima de las páginas censuradas.
Contra lo que pudiera pensarse, aunque en teoría el poder de la Inquisición era rígido y temible, en la práctica, era un barco que hacía agua por todos lados, especialmente en el México del siglo XVIII. De hecho, desde el siglo anterior ya no había quemas de libros, pues carecía de la fuerza necesaria para hacerlo.
El listado de libros prohibidos era muy amplio, pues no sólo refería a los objetos encuadernados, sino que incluía desde hojas y folletos hasta obras de varios volúmenes. Esta lista tenía el nombre de Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o Índice de libros prohibidos y fue creado en el año 1559 por la Sagrada Congregación de la Inquisición. Era tan voluminoso, que por ejemplo, el Nouus index librorum prohibitorum et expurgatorum editado en 1632 tenía 991 páginas. En el edicto de 1786, con el que el especialista ejemplificó estas prácticas del México Virreinal, aparecía El sofá, cuento moral impreso en la India en 1778 y que aprovechaba la creencia oriental de la trasmigración de las almas, para que el autor narrara las aventuras eróticas que ocurrieron sobre él en una vida anterior, cuando era precisamente ese tipo de mueble.
La imprenta estaba en su apogeo durante la Francia del siglo XVIII, y la Revolución publicaba libros en español y los enviaba a España y sus territorios, acusándola de fanatismo, atacando al Santo Oficio y a la institución monárquica. La novela era un medio para que sus líderes difundieran sus propias ideas. Por ello, la respuesta más común a la Inquisición cuando preguntaba los motivos de leer los libros prohibidos de Voltaire, Rousseau o Diderot, era simplemente que eran muy entretenidos.
No sólo se prohibían los libros que atacaban a la Iglesia o contenían anatemas en contra de sus prédicas, sino incluso aquellos que reafirmaban sus dogmas. De forma paradójica, La Biblia es quizá el gran ejemplo. La lectura del libro sagrado católico fue prohibida en el siglo XVI bajo el argumento de que se prestaba a malas interpretaciones de su contenido y sólo fue permitida hasta mediados del sigo XVIII.Hablar sobre Inquisición remite a nociones de represión y censura. Y esto puede ser porque censurar que era una de las ocupaciones más importantes del Santo Oficio. Llevar los propósitos de la censura al campo de la literatura implicó bastantes problemas ya que en un texto poético algunas imágenes, algunas metáforas, exclamaciones o declaraciones poseen un sentido poco claro. Así, a los calificadores del Santo Tribunal no les fue fácil trazar una línea que dividiera lo ortodoxo de lo heterodoxo en este terreno.Por más que poseyeran “una brújula infalible: el dogma”

En general, puede decirse que cualquier textos que revelaran una conducta poco conforme con la que se considera propia de católicos o de buenos súbditos de la Corona Española podían ser sujetos a este tipo de proceso y censura pública y aceptada, que convivía y, la más de las veces, se confundía, con ella. Es que, finalmente, si se quiere conocer facetas excluidas del canon, no queda sino buscarlas en lugares eludidos y quizás menos evidentes, como pueden ser los archivos inquisitoriales, verdadera encrucijada de la ortodoxia con la heterodoxia.

martes 29 de septiembre de 2009

Crónica de una muerte anunciada: 2 de octubre de 1968

martes 29 de septiembre de 2009
El viernes 2 de octubre del año 2009 se cumplen 41 años de la matanza de Tlatelolco, “2 de octubre no se olvida” dice la consigna que desde entonces se usa durante su conmemoración. Y en efecto el 2 de octubre es una fecha permanente en la memoria de todo aquel que se presume ser mexicano, sin embargo, después de 41 años la memoria se desgasta y el imaginario colectivo olvida los acontecimientos de tal fecha.
Todos sabemos que el 2 de octubre de 1968 hubo una matanza en Tlatelolco, que el gobierno orquesto una matanza de estudiantes que luchaban por…por… ¿Por qué luchaban los acaecidos en la Plaza de las Tres Culturas?

El imaginario colectivo se nubla y las narraciones no alcanzan a cubrir los hechos de esos días, es por eso que en este post hablare de los sucesos de ese día desde un punto de vista objetivo que deje a un lado las etiquetas de héroes y víctimas de este día.

Antecedentes del 2 de octubre

En 1968 miles de jóvenes salieron a las calles a luchar por derechos democráticos que los gobiernos autoritarios de la burguesía no les respetaban. Es el periodo en que el corporativismo obrero tenía bajo su control a más de 3 millones de trabajadores, cuando las organizaciones juveniles habían sido cooptadas, ya sea por soborno o por represión, por el partido en el poder (PRI) y cuando a nivel internacional, ante los fulgores de la revolución en Francia, se había llegado a tocar la cabeza de algunos dirigentes estudiantiles.

La fuerza y velocidad con que se desenvolvió la movilización sorprendió no nada más al gobierno, sino al mismo movimiento. Todas las escuelas de la UNAM, el Poli, Chapingo e incluso muchas de las escuelas privadas en el DF fueron puestas bajo control de los comités de huelga formados a partir del decreto de la huelga indefinida.

El apoyo de los trabajadores no tardó en llegar, los sindicatos democráticos como el SME o las corrientes sindicales que previos años atrás habían dado luchas por la democracia sindical apoyaron de forma entusiasta este movimiento. Sin embargo este apoyo no paso de ahí, un apoyo, cuando lo ideal hubiera sido la formación de un pliego petitorio único para engarzar la lucha conjunta de los trabajadores y jóvenes. El apoyo debió de convertirse en lucha única.
La respuesta del Estado desde el primer momento fue la represión.

Ese día…ese terrible día

El 2 de octubre de 1968, se celebró un mitin público que fue anunciado para empezar a las 17:00 horas en la Plaza de las Tres Culturas, en el cual se encontraban una gran variedad de gente: Padres de familia con niños pequeños, estudiantes, trabajadores, obreros. Los oradores exigían en tono verbal agitado que terminara la represión violenta ejercida por las diferentes fuerzas policíacas, cuando de pronto se dejaron oír ráfagas de ametralladora sin saber exactamente de donde venían.
La gente empezó a correr tratando de escapar en un pánico ciego, lo que produjo muchos lesionados. Durante estos momentos de caos, francotiradores situados en los edificios de la Unidad Habitacional de Tlatelolco empezaron a disparar en contra de las unidades del ejército que se encontraban ahí.


El tiempo, las 18:10. La batalla se generaliza oyéndose ráfagas de ametralladora interrumpidas por largos lapsos de silencio y después del silencio, las ráfagas de nuevo.

La mayoría de los disparos en contra del ejército se hicieron desde el edificio 16 de Septiembre: el ejército respondió usando 2 tanques que dispararon con sus cañones en contra del edificio. Esto produjo inmediatamente un incendio y un número desconocido de víctimas que debe de haber sido muy grande.

Muy pronto se hicieron numerosas llamadas telefónicas a la Cruz Roja y a la Cruz Verde para que atendieran a las víctimas y para que las transportaran a las clínicas y hospitales que les pudieran ofrecer ayuda médica. Las ambulancias hicieron una cantidad innumerable de viajes con los heridos durante toda la noche.

En estos momentos se puede observar una gran cantidad de heridos, pero ningún muerto. El rumor empieza a circular de que hay dos soldados muertos.
Aunque la batalla se llevaba a cabo en toda la unidad habitacional, sólo se podían ver dos camiones quemados a las 19.30 horas.

Muchos curiosos que se encontraban en el lugar de los hechos recibieron heridas de bala. Como decíamos antes, hay varias versiones de los acontecimientos y de cómo empezó la balacera. A las 19:40 horas circulaban dos de ellas. La primera dice que 3 helicópteros se encontraban volando sobre el lugar, cuando de pronto uno de ellos dejó caer una luz verde, que se asume fue la señal para que el ejercito empezara a atacar.
La segunda dice que una patrulla policíaca pasaba frente al edificio 16 de Septiembre, cuando fue atacada con armas de fuego y testigos aseguran que miembros de la policía montada empezaron a disparar en contra de los habitantes del edificio. Inmediatamente después llegó el Ejército con sus tanques, abriendo fuego con sus cañones y provocando un incendio que se extendió con rapidez.
Los oradores hicieron un esfuerzo desesperado para controlar esta situación tan violenta, pidiendo a los asistentes que no hicieran nada que provocara una reacción del ejército o de la policía.

Un helicóptero bajó mucho sobre la Plaza de las Tres Culturas, donde se llevaba a cabo el mitin y dejó caer una luz verde. De inmediato se inició la balacera y el ejército inicio sus operaciones.

A las 19:15 horas en el punto más feroz de la violencia. La balacera se extiende desde la calle Manuel González en el norte a la calle Sol, lo que incluye la totalidad de la Unidad Habitacional de Tlatelolco. Grupos de granaderos se ven por todas partes persiguiendo a los estudiantes y disparando a matar con sus rifles.

A las 19:15 horas un Volkswagen blanco, circula a alta velocidad por la calle Manuel González, se detiene por unos momentos en la Glorieta Peralvillo, dispara varias veces a los soldados y escapa.

A las 19:45 horas en la calle Prolongación de San Juan de Letrán y Sol unos 100 estudiantes hacen un mitin, y el orador los arenga a través de un megáfono, para que se mantengan unidos sin tenerle miedo a la muerte.
De repente una camioneta panel blanca llega ahí y se estaciona, todos los muchachos se dispersan hacia el sur. En las calles de Zarco y Nonoalco se ve un autobús de la línea San Rafael-Aviación destruido. En las calles de Guerrero y Nonoalco se encuentra otro de la línea Guerrero-San Lázaro en llamas.


En Lerdo y Nonoalco hay un autobús de la línea Peralvillo-Tlanepantla en ruinas.

A las 20:00 horas se ven escenas desgarradoras de padres de familia buscando a sus hijos por los alrededores. Por el edificio de Relaciones Exteriores se puede ver a una señora cargando a una niña de tres años, camina unos pasos y se desmaya.

A las 20:19 horas El Ejército entra en masa a la Plaza de las Tres Culturas con varios carros ligeros de combate y un gran número de soldados. Al mismo tiempo, aproximadamente 100 estudiantes fueron conducidos a San Juan de Letrán en 18 transportes militares como prisioneros.
Por más de 30 años el Gobierno Federal ha negado la existencia de detenidos y desaparecidos en el Campo Militar Número Uno, sin embargo, documentos oficiales de la Procuraduría General de la Republica y de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad sobre la represión del 2 de Octubre de 1968, localizados en el Archivo General de la Nación, desmienten las versiones que prevalecieron por más de tres décadas.

Después de que el ejército entró a la Plaza de las Tres Culturas se podía ver una gran cantidad de muertos. Algunos de los cuales, se empezaba a amontonar, unos sobre otros.
A las 20:45 horas empieza un incendio en el edificio Chihuahua sobre el cual concentra su fuego el ejército porque piensan que ahí se encuentran los miembros del Consejo Nacional de Huelga.
Alguien dice que hay 17 muertos en el atrio de la Iglesia de Santiago.
El Ejército ha capturado y tiene prisioneros a 400 estudiantes en la parte de atrás del edificio de Relaciones Exteriores.

Llegan más refuerzos del ejército, los granaderos y otras fuerzas policíacas a la Unidad Nonoalco.

En la Plaza de las Tres Culturas una ambulancia militar transporta a dos muchachas. No se sabe si están heridas de gravedad.
Entre las calles de San Juan de Letrán y Tacuba se puede ver un tranvía quemando. Entre las calles de San Juan de Letrán y 16 de Septiembre un camión de limpieza es consumido por el fuego

Un testigo recuerda el arribo de la Brigada Olimpia que estaba integrada por agentes especiales, muchos de ellos tan jóvenes que se podían confundir fácilmente con los estudiantes, y que sólo se identificaban por un guante blanco en la mano izquierda. Estos soldados entraron a todos los departamentos de los edificios en busca de estudiantes, armas o testigos de las atrocidades.

Es una situación Dantesca con muchos padres, madres, hermanos y otros familiares buscando a sus seres queridos. Van de un lugar a otro preguntando y tratando de encontrar a sus familiares.

Se llenan de pánico cuando se enteran de que algunos de los edificios han sido ametrallados por el ejército o que los granaderos disparaban a los estudiantes por la espalda. La otra versión del inicio de la masacre dice que ya iba a terminar el mitin cuando se vio pasar un grupo de muchachos que parecían estudiantes. Se dirigían al edificio Chihuahua, hacia el balcón que usaban los oradores. Este grupo era parte de la Brigada Olimpia, una unidad especial de la policía integrada por soldados, policías judiciales y otros. Llevaban un guante blanco en la mano izquierda para identificarse.

Entraron al edificio y llegaron al balcón donde estaban los dirigentes del movimiento estudiantil, trataron de detenerlos y ellos resistieron, así que los miembros de la Brigada Olimpia empezaron a disparar cuando vieron una luz verde que se lanzó desde un helicóptero que descendió bastante bajo. Del edificio Chihuahua se difundió la balacera a todos lados.
En la parte de atrás de la Iglesia de Tlatelolco hay más de mil estudiantes detenidos por el ejército. En un elevador del edificio Chihuahua se encuentran como 60 estudiantes en calzoncillos con la cara hacia la pared y las manos en la nuca.
Hacia las 24:00 horas se pueden ver unas mil doscientas personas detenidas en la parte oriente de la Iglesia de Tlatelolco. Entre ellos, estudiantes, padres y madres de familia, obreros, empleados de oficina y hasta niños. Por todos lados se ven escenas desgarradoras. Se oyen gritos desesperados de angustia y se ven las figuras en la oscuridad de aquellos que buscan, con frecuencia en vano, a aquellos familiares que han desaparecido
Algunos números de ese día: 15.000 proyectiles disparados (cifra oficial), 8.000 militares de varios cuerpos destacados en la acción, 300 medios armados entre tanques, medios blindados y jeeps con ametralladoras. Todo esto para reprimir una manifestación pacífica, por el viejo procedimiento de las provocaciones de los militares de paisano infiltrados entre los manifestantes, a las que contestan los militares con uniforme. El resultado fue de no menos de 700 heridos, un número de muertos que oscila entre 150 y 300, algunos de los cuales probablemente fueron arrojados al océano desde aviones militares, 5.000 estudiantes detenidos, algunos de ellos sometidos a torturas y falsas fusilaciones y 300 de ellos permanecieron en la cárcel hasta la amnistía de 1971.

Conclusiones
Al día siguiente, Tlatelolco amanecio limpio...nada había pasado ahí, los restos de sangre fueron lavados con agua, los zapatos tirados por miles de asistentes al mitín terminaron en los botes de basura, los desapareciods y muertos se confundieron entre si. El silencio cubrio la memoria y el 12 de octubre iniciaron los Juegos Olimpicos.

Hace 41 años el pueblo sabía que las cosas estaban mal, marchaban juntos estudiantes, obreros y maestros, la gente en las calles apoyaba su causa, había un sentimiento de unidad, se luchaba por ideales, se buscaba transformar al país, y al igual que en varias partes del mundo se buscaba hacer un mundo mejor.

Hoy, la mitad del pueblo cree que estamos mejor que nunca, la otra mitad vivimos con resentimiento y creemos que las cosas están peor que nunca, la juventud está dividida y sin ideales, el país va camino a un charco profundo de mierda…
Sin embargo las marchas continúan, la gente gritará ¡2 de octubre no se olvida! pero creo que como pueblo no hemos aprendido a buscar otro camino, a perfeccionar los métodos del pasado, a aprender de los errores y mantener la lucha y los ideales en otro nivel, un nivel por encima de ellos.


El 2 de octubre debe de servir como lección de Gobierno y gobernados, su conmemoración no debe ser el pretexto para vandalizar o violentar lo que se gano con la sangre derramada en Tlatelolco, golpear para ser golpeados no libera...tampoco el olvido es por eso que ¡2 de Octubre, no se olvida!


lunes 21 de septiembre de 2009

De lengua me como un taco: los merolicos mexicanos

lunes 21 de septiembre de 2009
Todos hemos conocido un merolico en nuestra vida.
Un merolico es alguien que puede hablar durante larguísimo tiempo soltando un rollo asombroso, interesante, incluso apasionante... y absolutamente vacío (el parecido con los seudoinvestigadores ocultistas se reduce al rollo y a lo vacío, porque los expertos para anormales raras veces son asombrosos e interesantes, y casi nunca apasionantes).
El merolico hace promesas de maravillas sin fin que verá la gente en unos minutos, captura el interés de los peatones, habla de todo lo humano y lo divino, actúa cómplice de la multitud, pontifica a toda velocidad y con ello reúne a un respetable grupo de gente en plena calle que desea ver las maravillas prometidas... que al final no llegan.
Pero en el intermedio entre nada y nada, el merolico ofrece en venta algo (la crema de concha nácar era un antiguo favorito del mundo de los merolicos mexicas, no sé si siga siéndolo, al igual que desparasitadores para las lombrices intestinales, o curas para la memoria como el Fosfovitacal y mejunjes similares) o incluso captura la atención de su público con fines más directos, como me tocó atestiguar una vez en México, D.F.
Al merolico en cuestión lo encontré en la Avenida de los Misterios, arteria cuyo nombre se debe a que conduce precisamente hasta la Basílica de Guadalupe, en lo profundo de la ciudad. La capacidad de hablar de manera apasionada de este merolico dejaba en mal sitio a cualquier cronista deportivo narrando un golazo de su jugador favorito de su equipo favorito en la final del campeonato. Sin embargo, este merolico no ponía mucho empeño en la venta de su crema de concha nácar, lo cual no dejaba de ser extraño.
Me tardé un par de "actuaciones" en pescar el truco. El tipo ponía en el suelo ante sí un saco con varias víboras de agua inofensivas y pintaba la proverbial raya de gis (o tiza) para demarcar su espacio escénico, indicándole al público igualmente su sitio designado en la representación y decía, más o menos, a una gran velocidad sostenida:Usted va a ver, usted va a mirar, usted va a observar, usted va a contemplar cómo esta víbora... o esta otra, la que usted guste, quiera o desee, se va a poner rígida, totalmente tiesa, recta y derechita como una varita de nardo. Nomás le pido que se quede detrás de la raya, que estoy trabajando. Porque estoy trabajando, sí señores, trabajando honradamente, con honestidad y dignidad aquí ante ustedes y su buena voluntad, para ganarme el pan para mis hijos, no como otros que nomás se aprovechan de la gente para robarles sus objetos invaluables de valor sentimental o emocional o económico. Por eso, señor, señora, señorita, antes de que esta víbora se quede pasmada ante los ojos de todos ustedes, recta y firme como una varita de nardo, cosa que nunca han visto antes, quiero pedirles, quiero solicitarles, quiero suplicarles atentamente que cuiden sus valores para no les vaya a pasar una desgracia porque yo vengo aquí solamente con el propósito de traerles a ustedes el más revolucionario descubrimiento de la ciencia y luego es cuando vienen y dicen que uno tiene la culpa de que sufran un percance y vienen los ayes de amargura y las indirectas dolorosas. Y no, señores, porque yo soy honrado y digno y estoy ante ustedes para demostrarles cómo la víbora que usted elija, señorita, que usted seleccione, señor, que a usted le guste, señora, se va a poner tiesa y firme como una varita de nardo, algo que ustedes nunca han visto en este mundo...
gEl truco era el siguiente: al momento de hacer su considerada recomendación a los transeúntes para que cuidaran sus objetos de valor, varios de ellos se llevaban la mano al lugar donde guardaban la cartera o el monedero. Otro personaje, situado detrás del público y del que quizá sólo por malpensado deduje que era cómplice del merolico, pasaba la vista sobre el grupo y seleccionaba a las presas más fáciles.
Tres minutos después, el público ("la bola", como le llaman los merolicos) babeaba fascinado por la verba del merolico y ya todos se habían olvidado de la cartera o el monedero, lo que aprovechaba el presunto cómplice para pasar ágilmente, como pizcando algodón, zumbándose las carteras de los dos o tres que la tenían más a mano (si el encargado de zumbárselas era, claro, un maestro del carterismo, disciplina que en los bajos fondos de México se conoce con el nombre del "dos de bastos", ya que para su ejecución se emplean los dedos índice y cordial, formando una pinza para la remoción quirúrgica de carteras con habilidad de prestidigitador).
Para cuando el merolico acababa su rollo, si alguien se daba cuenta de que tenía más ligero el bolsillo, el merolico siempre podía aducir:"Si yo se lo dije, jovenazo, hay mucho conejo suelto, por eso hay que andarse con cuidado. Yo nomás vendo la conchanácar, ¿usted no va a querer una latita?"
Divertidos sí, mentirosos también, a pesar de estos terribles defectos, los merolicos forman parte inherente de la vida cotidiana de México y por lo tanto tienen su propia historicidad.
En la segunda mitad del siglo XIX llegaba a México un tal señor Meroil Yock, Meraulyock o van Merlyck, según señala el brillante Diccionario de mexicanismos, de Guido Gómez de Silva, y su apellido dio nacimiento a la palabra.
La doctora Claudia Agostoni, investigadora histórica, relata en la revista Estudios de historia moderna que en 1864 o 1865 llegó al puerto de Veracruz, en un barco con bandera francesa, un hombre polaco “de extraña y agitada melena rubia, largos mostachos y espesa barba que le caía sobre el pecho” y que afirmaba ser un ilustre médico, un diestro dentista y poseer fármacos infalibles para todas las enfermedades conocidas y por conocer. Usaba, como buen charlatanazo, un disfraz, una túnica de aspecto oriental.
El producto que vendía era el "famoso" aceite de San Jacobo, un elixir infalible para todo. Se trataba, claro, de Rafael J. de Meraulyock.Pronto, munido con los dineros producto de su argüende (sigo resumiendo el estudio de la Dra. Agostoni), Meraulyock se fue a Puebla, precisamente, y de allí a triunfar a la capital, a la Ciudad de México. En el proceso, su apellido de tan difícil pronunciación fue convertido popularmente en "Merolico", pero respetándole el título que afirmaba tener (y que nunca vio nadie, por si eso le recuerda a usted a alguien más).
Así, el Doctor Merolico recorría las calles en una carroza estrafalaria, acompañado de una banda de música y un grupo de ayudantes, para atraer al público al que le vendía sus remedios, le practicaba "operaciones" con el abandono propio de un embusterazo y le sacaba muelas y plata, procedimiento que tenía su elemento de show-business porque, en el momento en que Meraulyock ejecutaba la extracción, uno de los ayudantes disparaba una pistola para, suponemos, sorprender al paciente y disminuir su dolor, o al menos su resistencia, que ésos eran tiempos en los que la anestesia no existía y no faltaba el que se arrepentía al primer tirón.
El "Doctor" Merolico, que de médico tenía lo que tienen de "investigadores" los modernos ocultistas, no pasaba de sacamuelas con pirotecnia, pues, y sus remedios, como los que nos ofrecen hoy los miembros de ese grupo mundial de desvergonzados que se podrían llamar "Merolicos sin fronteras", no pasaron a la historia como sí lo hizo su desfachatez.
El "infalible" aceite de San Jacobo de este personaje era tan bueno como sus equivalentes modernos: el reiki, la acupuntura, la homeopatía, la quiropráctica, los CD autohipnotizadores curativos y otras supersticiones que llenan los bolsillos de más de un curandero, además de los delirios que venden otros: caras duras, platillos volantes formados con nubes, fantasmas de cartón, grabaciones del máspallá y otros misterios sin más misterio, y que valen tanto como un litro de aceite de San Jacobo (o bálsamo de Fierabrás, para el caso). Pero la clave de todo el asunto, para que se vea, se note y se observe, que diría un merolico, que las cosas no han cambiado en el mundo del charlatanaje, nos la ofrece Claudia Agostoni en la siguiente cita de Maximino Río de la Loza, notable bioquímico mexicano de la época, hijo de otro químico notable (Leopoldo Río de la Loza), y en su momento encargado de la Sección de Química Analítica del Instituto Médico Nacional a principios del siglo XX, que nos dice sobre los charlatanes del viejo México:[...] los hemos visto antes como el que curaba con saliva, y los vemos hoy: ahí está un apóstol que pretende imitar a Jesucristo y curar por su propia voluntad, ó un profeta que dice adivina las dolencias del paciente, y otros, por el estilo, y para darnos la razón, hay quien hable del hipnotismo para hacernos creer en la veracidad de su curación.
Imagínese ustedes, pues, que las prácticas brujeriles de los sacamuelas del siglo XXI ya estaban totalmente desprestigiadas hace cien años.
A pesar de las mentiras y de los vicios de los merolicos, hoy día siguen acumulando gente a su alrededor y fascinando con sus modos y modales a aquellos que solo quieren creer.

martes 15 de septiembre de 2009

Curiosidades históricas de la Independencia de México

martes 15 de septiembre de 2009
Estamos a un año de los festejos del Bicentenario de la Independencia y entre quejas, impuestos y batallas politicas, año tras año México se llena de ciudadanos que se reconocen como tales en esta fecha tan especial.

La guerra de Independencia ha sido un tema tan fascinante que a pesar de que se han creado miles de libros en torno a ella aun puede argumentarse que no todo está dicho pues aun hay datos y sorpresas que se descubren en la investigación histórica.


A 199 años del Grito de Dolores, que marca el inicio del acontecimiento histórico, aún hay algunos episodios poco transitados —otros han sido olvidados y otros omitidos— por la historia oficial y que, algunos, darán de que hablar en el marco de los 200 años del México independiente.

Asómate a este paseo por el lado oscuro de la Independencia.

El padre de la patria

Sus principales virtudes como organizador de masas no eran militares, sino parte de su carácter: su simpatía y su inteligencia.
La personalidad del cura Miguel Hidalgo y Costilla era arrasadora, sostienen sus biógrafos. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura congregó a unos 600 hombres en Dolores y se convirtió para la historia en el "Padre de la Patria".
Pero este sacerdote nacido en 1753, en Pénjamo, y luego jefe del Ejército Insurgente, no se estrenaba en la paternidad. Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte, nombre completo del insurgente, procreó cinco hijos: Mariano Lino, María Josefa, Micaela, Agustina y Joaquín, a quiénes reconoció.


El hecho, aunque prohibido por el Derecho Canónico, podría ser socialmente aceptado en esa época. En 1985, al cumplirse 175 años de la Independencia, el Gobierno de Guanajuato reconoció a los hermanos Rodrigo, Enedina, Mercedes, María, María Dolores, Germán, María Esther, Víctor y Esperanza Vázquez Mendoza como la quinta generación de descendientes directos del "Padre de la Patria". Hoy sobreviven tres: Mercedes, María Esther y Esperanza.



¡Viva Fernando VII? ... ¿EL REY DE ESPAÑA?


El Grito de Dolores es considerado el punto de arranque de la Independencia de México del dominio español y cada 15 de septiembre se escucha en todo el País. Sin embargo, el grito en su versión original poco tiene que ver con el actual –más nacionalista- y mucho tiene que ver con loas al entonces Rey de España: "¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!", gritó Hidalgo a proclamar la insurrección, que sería apagada pocos meses después.


¿Por qué gritó a favor de una monarquía de la que quería independizarse? Los historiadores consideran que era su manera de manifestar su descontento con la invasión napoleónica en España, que había iniciado en 1808.


Fiesta y grito por decreto

El origen de los festejos del Grito de Dolores el 15 de septiembre y no el 16, día en que ocurrió realmente, se remonta a la dictadura de Porfirio Díaz.

El oaxaqueño, también conocido como el "Llorón de Icamole", nació el 15 de septiembre de 1830, y decidió juntar los festejos. En 1896, ya en pleno porfiriato, mandó trasladar la Campana de Dolores a Palacio Nacional y decretó que la Independencia coincidiera con su cumpleaños.


Aunque antes de que Díaz adelantara el Grito de Independencia era frecuente ver verbenas populares desde el 15, después de la caída del porfiriato por la Revolución Mexicana, se mantuvo la celebración.
Un sepulcro para el heroe

Fray Servando Teresa de Mier fue uno de los ideólogos de la Independencia, arengó contra la dominación española en cualquier tribuna y combatió a las tropas realistas sin descanso, pero a pesar de que murió en Palacio Nacional, los restos de Fray Servando Teresa de Mier no han encontrado la paz de los sepulcros.
Fallecido en 1827, Padre Mier fue enterrado con honores en la Parroquia de Santo Domingo, de la Ciudad de México. Pero en 1861, al término de la Guerra de Reforma, el templo fue demolido.
La momia de Padre Mier, junto con otras 12, fue exhumada y exhibida como un cuerpo víctima de la Inquisición. Unos dicen que la momia del "Primer Regiomontano Universal" fue vendida a un aventurero que la llevó a Buenos Aires, otros a Europa, lo cierto es que hasta ahora se desconoce su paradero.
Su historia, de fugas y extravíos, ha inspirado a muchos escritores como el cubano Reinaldo Arenas quien la noveló en "El Mundo Alucinante".

Y el reconocimiento 15 años despues...

Aunque en México la Independencia se consumó en 1821, al otro lado del Atlántico, el País no adquirió su soberanía como Estado hasta 15 años después.
Y es que España no reconoció la Independencia hasta 1836, e incluso en varias ocasiones intentó recuperar sus antiguos dominios. En 1829, la ofensiva española, a sangre y fuego se jugó su carta más arriesgada cuando lanzó 4 mil hombres a bordo de 19 embarcaciones a la costa cerca de Tampico.
Pero las tropas monarquistas fueron derrotadas por un militar que luego llegaría a ser Presidente y perdería territorio mexicano ante otra potencia. Su nombre: Antonio López de Santa Anna.
En 1836, la reina María Cristina, viuda de Fernando VII, en representación de su hija Isabel II, reconoció la independencia de México y renunció a sus bienes en el País.

Un olvidado precursor
Inspirado por las ideas de libertad y antimonárquicas de la Ilustración francesa, un grupo de conspiradores encabezados por un diácono, nativo de Sayula, llamado Juan Antonio Montenegro, fue denunciado al Santo Oficio el 4 de octubre de 1793.
Aunque en esos momentos no prosperó su proceso, casi un año más tarde, Montenegro fue llevado ante la Inquisición. Se le acusaba de tener un plan de buscar la Independencia de la corona española y difundir ideas antimonárquicas.
Ese año, obtuvo la borla de doctor en Teología en la Real y Literaria Universidad de Guadalajara. Pasó un año en prisión, abjuró de lo dicho y luego fue confinado al colegio de la Santa Cruz en Querétaro y en la Ciudad de México.
Murio en 1833, aunque otros biógrafos dicen que fue en 1834 y otros que en 1837

martes 8 de septiembre de 2009

Agua y ciudad: la ciudad que se ahogó en 1629

martes 8 de septiembre de 2009
Analizar historicamente el problema de las inundaciones en el Valle de México muestra que el problema ha sido recurrente desde la época de los mexicas, que siempre se ha buscado una solución que no implique detener el crecimiento de la urbanización en el Valle, pero que también es cierto que las "soluciones" no han sido preventivas, sino que se han desarrollado después de que se presentan inundaciones catastróficas, una de ellas la mas dramatica que vivio la ciudad fue en 1629.

La noche del 20 de septiembre de 1629 rayos y truenos anunciaron una impresionante tormenta que se avecinaba. Durante treinta y seis horas ininterrumpidas el agua cayó sobre la ciudad de México y la tranquila vida virreinal fue trastocada.

La inundación de 1629 fue la peor de que se tenga memoria en toda la historia de la ciudad de México. Cobró treinta mil víctimas entre los indios; desalojó a cerca de veinte mil familias españolas y la lluvia colmó el espacio urbano durante cinco años. Cuando las aguas regresaron a sus límites naturales, la capital de Nueva España sólo contaba con cuatrocientas familias. Había transcurrido poco más de un siglo desde la conquista de México y al parecer la ciudad capital divisaba el fin de sus días. El futuro era incierto

En julio anterior había comenzado la temporada de lluvias con una intensidad inusual. Los niveles del lago de Texcoco y la laguna de México crecían precipitadamente y parecía advertirse una difícil situación: en las afueras de la ciudad las aguas avanzaban lentamente sobre las calles de tierra. Septiembre trajo consigo el momento más crítico de la temporada y la capital novohispana quedó completamente inundada. Sólo una pequeña parte de Tlatelolco y otra de la plaza mayor quedaron a salvo de las aguas. La pequeña isla que se formaba donde se erigían el palacio virreinal y la catedral se le conoció como “isla de los perros” por la gran cantidad de canes que alcanzaron su salvación al refugiarse en ella.

¿Por qué se inundó?

El triunfo intempestivo de españoles sobre los mexicas en 1521, impidió a los conquistadores proyectar con claridad el futuro urbanístico de lo que sería la capital del reino de la Nueva España. Para la mayoría de los españoles, el sitio impuesto a Tenochtitlan a través del lago era el mejor ejemplo para no fundar la nueva ciudad sobre las ruinas mexicas. El agua se presentaba como el principal enemigo.

Cortés desoyó a sus hombres y decidió edificar en la isla por razones políticas. Pero nadie, ni siquiera el audaz conquistador con su manifiesta virtud de visionario, prestó atención a las construcciones hidráulicas del viejo imperio, que durante décadas habían logrado regular las aguas de los grandes lagos del valle de México. Al momento de consumarse la conquista la mayoría estaban destruidas.

De las construcciones hidráulicas erigidas años antes de la llegada de los españoles, la más importante era la albarrada de los indios -también conocida como el albarradón de Netzahualcóyotl. En 1449, bajo el reinado de Moctezuma Ilhuicamina, la ciudad sufrió una inundación. No era la primera, pero sí la más severa desde la fundación de México Tenochtitlan. “Crecieron tanto las aguas de esta laguna mexicana --escribiría fray Juan de Torquemada--, que se anegó toda la ciudad y andaban los moradores de ella, en canoas, y barquillas, sin saber que remedio dar, ni como defenderse de tan grande inundación”. Netzahualcóyotl, rey de Texcoco, aconsejó “que el mejor y más eficaz remedio del reparo era hacer una cerca de madera y piedra que detuviese la fuerza de las aguas para que no llegasen a la ciudad; y aunque parecía difícil atajar el lago (como en realidad lo fue) húbose de tomar el consejo”.
Todos los señoríos cercanos contribuyeron en tan ardua empresa, miles de hombres y recursos se utilizaron para la obra y en poco tiempo fue terminada. Con una longitud de 16 kilómetros --varios de los cuales se construyeron en el agua-- y quince metros de ancho, la albarrada de Netzahualcóyotl dividió la vasta laguna en dos: “la del oriente, de aguas saladas, que siguió llamándose lago de Texcoco y la occidental, cuyas aguas rodeaban a la metrópoli y se denominó laguna de México, cuyas aguas se volvieron dulces”. Una efigie del dios Huitzilopochtli coronaba la magna obra.

La albarrada de los indios evitaba el desbordamiento de lago de Texcoco sobre Tenochtitlan cuando sus aguas crecían, o evitaba su desecación si el nivel bajaba drásticamente. Servía como presa y distribuidora de agua. Al realizar su contraofensiva, Cortés no reparó en la importancia técnica de la magna obra y ordenó partirla en varios segmentos para facilitar el tránsito de los bergantines que pondrían sitio a la capital azteca. Sus órdenes fueron cumplidas al pie de la letra y desde 1521 la albarrada quedó prácticamente inservible.Al menos durante los primeros años posteriores a la conquista, el medio ambiente fue benigno para la construcción de la ciudad española. Desde luego, no se edificaba en el terreno más firme del valle de Anáhuac. Buena parte de la tierra donde se trazaron los solares para los conquistadores, eran de tierra artificial y el peso de los bloques de piedra ocasionaba hundimientos. Aún así, la proyección urbanística se veía con optimismo y la ciudad crecía lenta pero inexorablemente. Cortés murió en 1547 creyendo seguramente, que su decisión de fundar la capital del reino sobre la isla de Tenochtitlan había sido correcta. Jamás padeció en carne propia las terribles inundaciones que asolaron a México a partir de la segunda mitad del siglo XVI.

Los años previos a la inundación

En 1553 era posible acercarse a los límites orientales de la ciudad y divisar a poca distancia los restos de la albarrada de Netzahualcóyotl. Nadie añoraba su legendaria utilidad, ni siquiera los indios que sobrevivieron a la guerra de conquista. Ese año fue particularmente seco, pero durante los meses del verano, un día llovió intensamente durante casi veinticuatro horas. Tanta agua cayó sobre el valle que la isla se inundó por el desbordamiento del lago de Texcoco. Sin la albarrada de los indios, el nivel de las aguas creció dramáticamente y nadie pudo detenerlas. Durante cuatro días la gente transitaba de un lugar a otro a bordo de canoas.

“Ahogado el niño” el virrey Velasco decidió construir una nueva albarrada, conocida con el paso del tiempo como “de los españoles”. Corría desde Iztapalapa hasta cerca del santuario de la virgen de Guadalupe y por algún tiempo cumplió su cometido: detener las amenazantes aguas del lago de Texcoco.Pero el problema no se reducía tan sólo a construir un dique. Para los aztecas la albarrada había sido un elemento más dentro de su proyecto integral de uso de aguas, donde el propio trazo de la ciudad respondía a una alianza con los lagos. El pueblo del sol se sirvió del medio lacustre para desarrollar eficientes vías de comunicación dentro de Tenochtitlan a través de las acequias. Los canales transportaban gente y mercancías, pero al mismo tiempo, regulaban los niveles del preciado líquido dentro de la ciudad y actuaban como desagües. La capital del imperio azteca sufrió escasas inundaciones gracias a la relación de convivencia que guardaba con los lagos y el entorno natural, y las pocas que padecieron fueron atribuidas al error humano.

Sin miramientos, ni consideraciones los conquistadores se enfrentaron al entorno natural del valle de México. Construyeron una ciudad terrestre cuando había sido una eficiente metrópoli lacustre. Desecaron las acequias, y al aumentar el nivel del lago de Texcoco, ya no existía el espacio suficiente para regularlo, produciéndose continuas inundaciones. La albarrada de los españoles fue sólo un paliativo que funcionó algunos años gracias a que la Providencia no cubrió el valle con severas tormentas o aguaceros torrenciales. La ciudad de México estaba destinada a transitar por su propia historia a bordo de una gran canoa. Los españoles cerraron los espacios naturales del agua dentro de la ciudad y los lagos se cobraron la afrenta.La gran inundación
La inundación de 1629 fue considerada como una de las calamidades o plagas bíblicas. “Los estragos fueron terribles; cerráronse los templos, suspendieron sus trabajos los tribunales, arruinóse el comercio, comenzaron a desplomarse y a caer multitud de casas”.

En octubre, el arzobispo don Francisco Manzo de Zúñiga, escribió al rey “que en menos de un mes habían perecido ahogados o entre las ruinas de las casas más de treinta mil personas y emigrado más de veinte mil familias”. La gente sólo encontraba consuelo en la iglesia y los oficios se realizaban en cualquier lugar disponible:

En balcones --escribió Francisco Javier Alegre--, en andamios colocados en las intersecciones de las calles y aun en los techos se levantaron altares para celebrar el santo sacrificio de la misa, que la gente oía desde azoteas y balcones, pero no con el respetuoso silencio de los templos, sino con lágrimas, sollozos y lamentos, que era un espectáculo verdaderamente lastimoso.

Curiosas escenas se presentaban cotidianamente. La gente recurrió a la intercesión de la virgen de Guadalupe y las autoridades civiles y eclesiásticas acompañadas por gran cantidad de gente del pueblo, organizaron una procesión sin precedentes en la historia de México: a bordo de vistosas embarcaciones --canoas, trajineras, barcazas-- la Guadalupana fue llevada desde su santuario en el cerro del Tepeyac hasta la Catedral de México.

La inundación duró varios años y las pérdidas fueron cuantiosas. El otrora esplendoroso valle de México aparecía devastado por las epidemias y el hambre. Muchas de las familias españolas emigraron a Puebla de los Ángeles y propiciaron su desarrollo comercial, mientras la ciudad de México continuaba su decadencia. Las canoas que transitaban junto al palacio virreinal y cerca de la catedral, recordaban las viejas acequias deTenochtitlan, por donde corrían libremente sin que la ciudad estuviera inundada.

A oídos del rey Felipe IV llegó la terrible noticia de la gran inundación de 1629 y considerando que todo remedio para salvar a la capital de la Nueva España era imposible ordenó abandonar la ciudad y fundarla nuevamente en tierra firme, en las lomas que se extendían entre Tacuba y Tacubaya.

Sorprendentemente, las autoridades virreinales y las pocas familias que permanecieron fieles a la ciudad, rechazaron la idea del rey de España. El argumento económico era muy sólido: trasladar la sede del virreinato costaría cincuenta millones de pesos y desecar la laguna tres o cuatro millones de pesos. Las pérdidas ascendían a poco más de seis millones, pero aún así, la cantidad era considerablemente menor. Reflexiones de otro orden, imperaron en la decisión de no mover la ciudad de México de su lugar de origen. Así lo escribió uno de los regidores:

“Si estas reflexiones [económicas] no os mueven a sostener la patria, muévaos a lo menos el nombre de México que resuena por todo el orbe; porque si la mudáis en otra parte, la fama de tan gran ciudad irrevocablemente se perderá. La llanura que el contador nos pinta tan a propósito para la nueva ciudad, ¡cuánto dista del suelo de México! No en balde los aztecas la escogieron para fundar la cabecera de su reino. Temperamento sano, cielo de los más alegres y despejados, aun en medio de las lagunas que se observan en el Nuevo Mundo. Es grande argumento de que este lugar es nacido para contener una gran población, el esplendor y opulencia de sus edificios, en tan pocos años, pues apenas contamos ciento nueve de su restauración. Es verdad que en estos años hemos padecido inundaciones; pero hemos acudido a reparar los daños que han causado. Estos reparos no han surtido el efecto que nos prometíamos, emprenderemos otros, y no se alzará la obra hasta que domado este elemento proveamos a nuestra seguridad”
Al igual que Cortés en 1521, en 1629 los españoles comprendieron que la grandeza de la ciudad de México tenía su origen en el sitio que había ocupado la imperial Tenochtitlan. Su nombre era ya reconocido en el mundo y trasladarla se presentaba como un error. Decidieron entonces, luchar a muerte contra las aguas y continuar con la construcción del desagüe de la capital novohispana, iniciado en 1607, el cual llegaría a ser la obra pública que más tiempo se llevó --tres siglos--, más importante y más costosa de toda la historia de la noble y leal ciudad de México.

Nuevamente como en 1521, cuando miles de hombres trabajaban arduamente en aquella pequeña isla en medio de lagos, tratando de edificar la nueva ciudad sobre las ruinas mexicas, en 1634 se termino con esta obra, pero, la historia de la ciudad y el agua aún continua…
 
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