viernes 5 de febrero de 2010

100% mexicanas: Las cantinas de la ciudad de México

viernes 5 de febrero de 2010
La cultura mexicana está conformada por viejas tradiciones, si tuviéramos que realizar una monografía de ella entonces deberíamos tener en cuenta todas las producciones, desde las indígenas a las virreinales a las modernas. Nuestras tradiciones y diversiones populares son consecuencia de procesos históricos que dieron como resultado un cúmulo de prácticas culturales que se gestaron desde el virreinato y que hoy día son parte de las expresiones culturales que podríamos denominar 100% mexicanas.

Durante los tres siglos de dominación española, nuestro país fue el espacio ideal para un prodigio único en el mundo: mujeres y hombres de todas las latitudes del planeta y culturas provenientes de Asia, Europa y África se mezclaron entre sí y con los habitantes y las civilizaciones indígenas para originar una de las experiencias humanas más fascinantes de las que se tenga noticia en la historia. Los efectos de tal situación cultural fueron enormes sobre todo en la vida cotidiana de los habitantes de estos territorios, tanto de los nativos como de los emigrados y de los hijos del intenso mestizaje que se produjo entre ambos. Los resultados culturales de este mestizaje aportaron los elementos que influyeron profundamente en los hábitos alimenticos, en las estructuras lingüísticas, en el vestido, en las diversiones, en las prácticas sociales, en las creencias y en todos los valores sociales que hoy día perduran en nuestra vida cotidiana.
Además de su riqueza histórica y cultural heredada, México tiene una larga tradición y diversidad en cuanto a sitios de reunión y algarabía. Bares, cantinas y “antros” son espacios en donde la diversión estalla y, ya sea solo o acompañado, en pocas palabras se pierde el suelo.
Y es que cuando tratamos de definir algo como 100% nuestro vienen a nuestra mente tres elementos, que combinados entre sí resumen la riqueza cultural de la nación: bebida, comida y música. ¿Qué más mexicano que un pozole con rábanos, un tequila con sangrita o una canción ranchera cargada de dolor y de recuerdos?, la respuesta es sencilla: una cantina. Un lugar donde se come, se bebe, se canta y se ríe debe de ser lo más cercano al paraíso, un escape de la realidad que hace que acudir a ella sea un evento para conmemorar.
Una cantina es lugar de encuentros y desencuentros, un refugio para recordar los amores perdidos y festejar aquellos que han llegado, un lugar para filosofar mientras se escucha de fondo la rasposa voz de Chabela Vargas o insultar al desleal acompañado de Paquita la del barrio. Sin lujos, sin ostentaciones, sin candelabros pendiendo de los techos o bolas de cristal iluminando las paredes, las cantinas de México tienen tanta personalidad como los cafés parisinos, los bares de Nueva York, las barras en Italia o los pubs londinenses.
Azulejos, barras, cientos de botellas de diversos colores, la rockola que es la estrella del lugar, el aroma de las tortas, los tacos, los caldos o garnachas que ahí se expenden son los protagonistas del show que presentan las cantinas en la vida cotidiana de la Ciudad de México: comida, bebida y canción son elementos que se entrelazan en la tradición histórica del pueblo mexicano:
La cantina concebida como el recinto que actualmente conocemos es de creación “reciente” si tomamos en cuenta que fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando el concepto entro en el vocabulario y en la vida social de los mexicanos. Si bien es cierto que no siempre hubo cantinas podemos asegurar que siempre hubo expendios de bebidas espirituosas.
Durante el virreinato, entre los insumos que se consumían en la capital ocupan un lugar destacado las bebidas alcohólicas. A raíz de la ruptura ocasionada por la conquista y el debilitamiento de las prohibiciones prehispánicas sobra la embriaguez, está se convirtió durante los siglos virreinales en un serio problema que afecto a todos los grupos sociales. No todas las bebidas, sin embargo, podían ser consumidas por todos, ni todas eran expedidas en los mismos establecimientos; su uso, como el de otros productos estaba definido por los ingresos y la posición social.
La más popular y barata de las bebidas era el pulque, que se vendía en tendajones abiertos a los cuatro vientos, atendidos solo por mujeres, y en los que los clientes bebían de pie y en jícaras de barro o calabaza. A pesar de la incomodidad y de las prohibiciones alrededor de las pulquerías se hacían corrillos de hombres y mujeres, se tocaba la guitarra y se bailaba.
Además de estos lugares y para cubrir las necesidades de los varones de las capas medias y de los nobles, existían numerosos mesones o tabernas en los locales cerrados, con mesas y sillas, en los que se bebían vino y aguardiente y a veces también funcionaban como prostíbulos. Por último estaban las licorerías, expendios de bebidas más sofisticadas a las que acudían hombres y mujeres a degustarlas, de pie y ante un mostrador.
Las usanzas de diversión y esparcimiento heredadas del virreinato, se vieron transformadas en el siglo XIX por los cambios sociales y políticos que trajeron consigo las ideas del liberalismo, las cuales se tradujeron en una forma diferente de entender el tiempo y los espacios que se destinaban al trabajo, al descanso y la recreación, según la posición social y el entorno rural o urbano, en el que se desarrollaban.
Con el advenimiento de la modernidad, la vida cotidiana comenzó a parcelarse y las diversiones y tradiciones se transformación a coro con las necesidades del momento y el lugar. Bajo este panorama surgieron las cantinas 100% mexicanas. El cronista Salvador Novo afirma que el término aparece en 1847 cuando entraron a México los soldados norteamericanos invasores del país. Estos demandaban los licores y las bebidas mezcladas a las que estaban acostumbrados y esto fue lo que motivó la oferta de tales bebidas en sitios que llevaron el nombre de cantinas. El mismo Salvador Novo afirma que en la segunda mitad del siglo XIX funcionaban oficialmente en México once de estos establecimientos.
Otro cronista de la Ciudad de México, don Artemio del Valle Arizpe, afirma: "las cantinas o bares a la manera americana sobria y pulcra no proceden en México sino de la era en que gobernaba el general Porfirio Díaz. Antes de esos pacíficos años no eran conocidos tales establecimientos para la bebida, sino que funcionaban las típicas vinaterías y tradicionales pulquerías procedentes del viejo tiempo de la Colonia”.
Cualquiera que sea el año de su fundación, podemos afirmar que para la segunda mitad del siglo XIX estos establecimientos funcionaban con regularidad y con una clientela cautiva que les dio vida y permitió que varios de estos sobrevivieran hasta nuestros días.
Las condiciones sociales habían cambiado y las mujeres fueron excluidas de este mundo de alcohol y baile para ser confinadas a las labores del hogar: los pensadores y formadores de nuestra nación le otorgaron a la mujer la tarea de regular la moral en el hogar, “el bello sexo” dejo de pertenecer al espacio público y se refugió en el hogar donde se preservaba la moral y las buenas costumbres.
Las cantinas se convirtieron así en un espacio propiamente masculino, lo que pasaba ahí dentro era una comunión intima entre los comensales y los que ahí laboraban. Probablemente esta cualidad de ser exclusivo de hombres hizo que se ligara a los pecados de la carne y al desenfreno, de ahí que sus asistentes fueran “condenados” por asistir a estos lugares.
Los escritores de la época iniciaron con la estigmatización de las cantinas al juzgarlas como antros de vicio y perdición, Antonio García Cubas menciona: "Los decentes tomaban su copitas en las pastelerías francesas [ya que] las vinaterías eran cantinas de los borrachos de frazada, quienes se conformaban con gastar sus cuartillos de chinguirito refino, de mistela, de arriba y de abajo o alcohol rebajado"
Tuvieron que transcurrir muchos años para cambiar el concepto y lograr una apertura de sus puertas, que no solo implicara permitir una transición social sino mental ante la cantina y sus secretos ocultos. En el siglo XX los esfuerzos por mejorar la imagen moral de la ciudad de México afectaron de manera directa la ingesta de alcohol y de sus establecimientos, la más importante fue la orquestada por las compañías cerveceras, quienes iniciaran una campaña para desacreditar al pulque y a las pulquerías, por lo que estas fueron relegadas a un segundo plano hasta casi desaparecer mientras que las cantinas proliferaron de tal manera que tuvieron que reformar sus espacios y sus reglas.
En 1982 el gobierno mexicano decretó la entrada a mujeres y niños a las cantinas y esto causó que algunos establecimientos inclusive llegaran a cambiar de giro ya que sus comensales no querían compartir su espacio con las damas. El espacio sagrado masculino abría sus puertas a un nuevo giro que transformo el concepto de cantina y de los que ahí asistían.
En este proceso la cantina se convirtió en la institución más democrática, en una sociedad que está lejos de ser igualitaria. Cualquiera que pueda pagarse un trago es bienvenido. Las mejores acogen una población heterogénea: burócratas abotagados en trajes y corbatas de poliéster, albañiles cubiertos del resto de la mezcla, bigotones de gastadas botas puntiagudas, parejas de enamorados, familias con niños escandalosos, grupitos de amigos universitarios de todos los estilos, sabores y colores que hacen que la cantina se convierta en un espacio de interrelación humana donde se conjuga el beber con lo íntimo del vivir.
La cantina no es un lugar de borrachos ni un sitio donde proliferan los vicios ni tampoco es un lugar malo. Quien piense de esa manera está equivocado. Ahí se va a comer y beber, a gastar el dinero en placeres que en exceso se convierten en pecado. También se canta y si se puede se baila.
Algunos de sus comensales también van en búsqueda del consejo del mesero o del amigo espontaneo, la reflexión y el dialogo saben mejor si se acompañan con unos tragos y con la voz sonora del mariachi o la dulce voz del trío romántico que se entona a coro o en silencio.
Aquí y ahora, después del transcurrir de los años y de las transformaciones sociales que nos formaron como mexicanos despreciar una cantina delata un pleno desconocimiento de nuestro patrimonio cultural e histórico.
Las cantinas de la ciudad de México están llenas de historia, de fabulosa arquitectura y de incontables relatos que se comparten como un secreto a voces que no se calla ni se oculta, solo se sabe y eso es justo lo que hace que la asistencia a ellas sea mágica.
Hoy día podemos acudir a una cantina sin sentirnos señalados o estigmatizados como alcohólicos, libertinos o liberales, quien juzgue actualmente la cantina debe olvidar el concepto nefasto de lo que este sitio fue para las mentalidades de años anteriores y fincar su juicio en lo que en el presente son estos establecimientos.
La cantina, es una entidad social que juega un papel definido en la zona socioeconómica en la que está enclavada. Espacio de refugio, de espera, lugar de huida, de ilusión, de angustia, de alegría, de amistad, de celebración y de muchas otras cosas más, siempre está dispuesta a compartir lo que en ella hay y permite al comensal jugar con la voluntad en el uso o abuso del libre albedrío.
Las cantinas son lugares para bebedores, no para enfermos alcohólicos, a las cantinas se va a beber no a emborracharse y olvidar que se asistió a ella.
Es importante notar que la tradición cantinera típica va mucho más allá del constante consumo de alcohol. Claro que es un factor importante, es más intrínseco, pero simplemente el hecho de que existan las botanas nos hablan de que a las cantinas se va a mucho más allá que beber.
Te enamoras de ellas, te enamoras en ellas, la vida transcurre tan lento que resulta una grosería pedir la hora, siquiera insinuar que es hora de la partida, en las cantinas no importa nada, los compromisos no perduran mas allá del hoy y ahora.
No pretendo con este escrito que el lector visite una cantina y reflexione sobre la parte histórica y cultural, la intención es recordar que estar en una cantina es como estar en la sala de una casa platicando con los amigos que a ratos bromean, recuerdan su pueblo, cantan, lloran a sus amores y se consuelan en la exquisitez de las bebidas, de la música, de las lagrimas, de los recuerdos.
No hay nada más 100% que recordar una cantina mexicana, con sus ritmos y sus tiempos.

jueves 10 de diciembre de 2009

Presente amistoso dedicado a las señoritas mexicanas

jueves 10 de diciembre de 2009
En el siglo XIX, con la instauración de la sociedad burguesa en el mundo occidental, el papel de la mujer quedó nuevamente subordinado a los designios del varón; en ese tiempo, se consideraba que las jóvenes deberían ser ajenas a la instrucción pública, jamás aspirar a desempeñarse en cargos públicos y mucho menos atreverse a competir en los dominios del sexo masculino.

En México, a partir del triunfo de la Revolución de Independencia, la situación no podía ser diferente, las clases acomodadas adoptaron las modas y costumbres imperantes en Europa y Estados Unidos; de la mujer se exigía: como esposa, una conducta ejemplar, como madre, la abnegación. La honestidad y las buenas costumbres eran las principales virtudes que identificaban a las jóvenes que aspirarían, en su momento, a formar parte de la pujante sociedad de su tiempo.


Con el propósito de infundir estos ideales en las mujeres de nuestro país y siguiendo el ejemplo de lo que se realizaba en el viejo mundo, el afamado editor y tipógrafo tapatío, Ignacio Cumplido publica, a partir de 1847, su "Presente Amistoso dedicado a las Señoritas Mexicanas", que tenía como intención convertirse en una publicación anual renovando su contenido e imágenes para contribuir a la instrucción y regocijo de las asiduas lectoras.

Don Ignacio Cumplido fue un afamado impresor nacido en Guadalajara en 1811. Desde sus años mozos se trasladó a la capital del país, donde murió en 1887. Nuestro personaje vivió en un agitado periodo de la historia mexicana. Siendo aún niño asistió al triunfo de la Independencia, más tarde, cuando apenas cumplía 27 años -con motivo del bloqueo que la armada francesa de Luis Felipe realizó en el Puerto de Veracruz con el propósito de cobrar injustas deudas a México-, se le impidió traer a México una imprenta moderna por lo que se refugió en Nueva Orleans, perdiendo casi la totalidad de su patrimonio.

Su primera versión del Presente Amistoso salió a la luz en 1847, aquel aciago año en el que ejército norteamericano invadió México con propósitos expansionistas, esta tragedia nacional obligó a Cumplido a suspender la publicación, misma que reanudaría exitosamente en 1851. Hay que destacar que Ignacio Cumplido editó numerosas publicaciones de gran prestigio en el siglo pasado, destacando por su participación en algunos periódicos de la primera década del México independiente: El Correo de la Federación, El Fénixy El Atleta. Sin embargo, su reputación se debe a la edición del prestigioso diario El Siglo XIX,que salvo las interrupciones por asonadas militares o por los decretos políticos de 1845, 1858 y 1863, se editó durante 45 años. Por su actividad editorial, Ignacio Cumplido tuvo tratos y amistad con toda la intelectualidad mexicana que se desenvolvió desde la tercera hasta la octava década del siglo pasado.

Debemos recordar que numerosas publicaciones eran el regocijo de nuestros tatarabuelos, entre éstas sobresalían los novelones de carácter histórico o moralista, los libros de viajes y de poemas, además de los "calendarios" que detallaban aspectos estelares, puntualizaban el santoral cristiano -con el propósito de marcar con exactitud las fiestas que se llevaban a cabo en los diversos santuarios- daban consejos, recetas y noticias del más variado carácter. Para nuestro propósito destacaremos aquellas publicaciones dirigidas a las mujeres, que como hemos indicado, estarían dedicadas a conformar la conciencia femenina de aquella centuria. Son muy afamados los Calendarios de las Señoritas Mexicanasque contenían, además del consabido santoral, otros temas generales entretejidos con oraciones cristianas y poesía.

Estas publicaciones eran de pequeño formato, en acabados muy sencillos, hoy se recuerdan más por lo anecdótico de su contenido que por sus características editoriales.De ahí que las diversas ediciones delPresente Amistoso Dedicado a las Señoritas Mexicanas destaquen en nuestros días como verdaderos monumentos de la tipografía mexicana del siglo pasado. Aunque poco conocidos por el público, pues se trata de publicaciones de gran rareza, forman parte del fondo reservado de las más afamadas bibliotecas o bien se guardan como celosos tesoros de los bibliómanos y coleccionistas.Hemos consultado para este estudio los Presentes Amistosos que corresponden a 1851 y 1852; del primero, de acuerdo a Cesar Macazaga Ordoño, quién realizó su edición fascimilar en 1976, se conserva un original en el Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública. Del de 1852, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia guarda un ejemplar que aún conserva su bello empastado decimonónico.



El propio Cumplido nos indica en ambos prólogos que cada versión anual tiene como objeto recrear los espíritus, difundir la instrucción de una manera agradable y dar a conocer los adelantos de la literatura y del arte tipográfico, ya que, de acuerdo a su opinión, la escasez de periódicos literarios le obligan a presentar estas obras de compilación, que con el fin de poner en manos de las lectoras, un cúmulo invaluable de conocimientos, de consejos morales y de elementos que contribuirían a su formación.Toda la ideología de estas publicaciones puede resumirse en el Artículo de J.J.P. tituladoConsejos a las Señoritasque aparece en la edición de 1851, que dice, entre otras cosas:"Formado el carácter moral de una señorita, con la religión y la virtud, debe adornar su entendimiento con algunos conocimientos, que aún cuando no sean profundos, sean útiles. Debe huir de dos extremos igualmente desagradables, y son, el de una ignorancia grosera, y el de una vana ostentación de su saber. Aquel proviene de no saber nada, y este de saber mal, acompañado de un indiscreto deseo de lucir.



Una señorita instruida en las primeras letras, con nociones de aritmética, de geografía, de historia y de algún idioma vivo, con una conversación fácil y una modestia genial, encanta a cuantos la tratan, estimándola a proporción, que ella se manifiesta más sencilla y con menos pretensiones. Una niña dotada de amabilidad y llena de cortesanía, se hace amar de cuantos la ven, así como un trato áspero no es propio nunca para atraer simpatías".Para lograr esta transmisión de conocimientos medidos y elevar el espíritu de las mujeres a través de la literatura, los hermosos volúmenes delPresente Amistosocontienen, en la edición de 1851, más de noventa artículos y en la edición de 1852, casi ochenta. Los autores de los textos eran lo más granado del conocimiento, la literatura y la poesía de aquellos tiempos, destacando por la calidad de sus contribuciones los trabajos de Francisco Zarco, quien se encargó de seleccionar temas interesantes, tanto de la botánica como de la física y la geografía mexicana, así, encontramos artículos dedicados a los aereolitos, al girasol o a la Caverna de Cacahuamilpa.Don Francisco González Bocanegra, autor de la letra de nuestro Himno Nacional, nos deleita en el Presente Amistoso... con hermosas poesías, tituladas Lagrimas de Dolor y Dos Poetas, esta última dedicada a Luis G. Ortiz. José T. Cuellar, el autor de la novela costumbrista La Linterna Mágica,se descubre como inspirado bate enMi Laud, lo que también hace el muy conocido escritor liberal Guillermo Prieto en su poemaNo hay Esperanza.
La edición de 1851 presenta una bellísima portada en la que se emplean abundantemente el dorado y la policromía, considerándose que se trata de una de las más bellas creaciones de la técnica de la cromolitografía, en la que la placa se realizaba en piedra caliza, técnica introducida en México por Claudio Linati en 1826. Por su parte, elPresente Amistosode 1852, tiene un frontispicio en tinta de oro, indiscutiblemente más sobrio y elegante que el del año anterior.
Como mencionamos líneas arriba, no hemos podido consultar la primera versión de estos anuarios, es decir la que se editó en 1847; sin embargo, la de 1851 muestra gran riqueza en su diseño por la utilización de elegantes orlas, que a juicio de Macazaga Ordoño, dan a la publicación un bello aspecto barroco y postimero; estos encuadramientos, según él, fueron hechos con politipos, que diversos fundidores franceses y norteamericanos habían lanzado al mercado en aquel tiempo. Podemos apreciar en las orlas diseños de carácter vegetal y floral, o bien geométricos; algunos nos remontan a épocas medievales y otros son muy mexicanos, con vegetación tropical que enmarca a chinacos y chinas a caballo.
En la edición de 1852, las orlas desaparecen con el propósito, según Cumplido, de presentar una mayor limpieza en la edición y una forma más elegante. En ambas ediciones, lo que da mayor riqueza a las publicaciones, son los hermosos grabados de figuras femeninas, dedicados a exaltar la belleza de la mujer presentando modelos de belleza idealizada, que toda chica de su tiempo debería imitar. Estos grabados fueron comprados a diversos editores ingleses y escogidos cuidadosamente por Cumplido, quien nos menciona que los 20 nombres de señoritas que acompañan a cada versión, son "los comunes en nuestras familias, como advertirán fácilmente las lectoras, que pueden persuadirse de que sus armoniosos nombres y bellas fisonomías me han acompañado durante mis viajes".

Finalmente, hemos de destacar el profundo carácter nacionalista en muchos de los artículos de El Presente Amistoso, en donde no sólo se describen paisajes típicos de nuestro país, inclusive, hay poesías en las que se exaltan el Río de Cozamaluapan y la Cascada de Juanacatlán.No hay duda que el contenido literario y artístico de las diversas versiones delPresente Amistoso dedicado a las Señoritas Mexicanas,nos permite penetrar en la ideología y el pensamiento de los mexicanos de mediados del siglo XIX.

miércoles 25 de noviembre de 2009

La Ciudad de México ante los ojos de una mujer: visiones del siglo XIX

miércoles 25 de noviembre de 2009
A los ojos de los extranjeros, México aparece como un país exótico, pintoresco, peligroso, amable, exuberante, entre muchas maneras de percibirlo. En el siglo XIX, muchos viajeros llegaron a México y quienes dejaron un testimonio, en el arte o escrito, de su visita nos legaron una ventana que nos permite asomarnos a la vida en estas tierras en el primer siglo de su historia como nación independiente.

Frances Erskine Inglis, mejor conocida como la Marquesa Calderón de la Barca, fue una escocesa (nacida en Edimburgo en 1806) y de religión protestante, que se casó con Ángel Calderón de la Barca, quien fuera el primer ministro plenipotenciario de España en el México independiente.
Acompañando a su marido, la futura marquesa llegó a México en diciembre de 1839 y permaneció aquí hasta enero de 1842. Durante este tiempo, viajó por el país y escribió sus impresiones en una copiosa correspondencia a su familia, que vivía en Boston. De estas cartas, la autora escogió 54 de ellas para ser publicadas y así se formó el libro La vida en México durante una residencia de dos años en ese país, cuya primera edición se imprimió en Boston en 1843, con prefacio del historiador William H. Prescott.




En La vida en México se describe con minuciosidad hechos, personajes, modas, pasiones y costumbres del México de la época. También refleja los sentimientos e ideas, así como sus prejuicios, de la autora hacia México y su gente. Durante su estancia, la posición privilegiada de la marquesa le permitió conocer a las personalidades mexicanas de la época, como Antonio López de Santa Anna, Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán, Manuel Paynó y la célebre "Gúera" Rodríguez.

A su regreso a Estados Unidos, la señora Calderón de la Barca abandonó el protestantismo y se convirtió a la religión católica. Al quedar viuda se recluyó en un convento, del cual salió para dedicarse a servir a la familia real española. En 1876, el monarca Alfonso XIII le otorgó el título de marquesa Calderón de la Barca. Murió en Madrid en 1882.

Los gritos callejeros en la ciudad de México.

"Hay en México diversidad de gritos callejeros que empiezan al amanecer y continúan hasta la noche, proferidos por centenares de voces discordantes, imposibles de entender al principio. Al amanecer os despierta el penetrante y monótono grito del carbonero:'¡Carbón señor!' El cual, según la manera como le pronuncia, suena como '¡Carbosiú!'. Más tarde empieza su pregón el mantequillero: '¡Mantequía! ¡Mantequía de a real y di a medio!''¡Cecina buena, cecina buena!'; interrumpe el carnicero con voz ronca.'¿Hay sebo-o-o-o-o?' Esta es la prolongada y melancólica nota de la mujer que compra las sobras de la cocina, y que se para delante de la puerta.Luego para el cambista, algo así como una india comerciante que cambia un efeto por otro, la cual canta:'¡Tejocotes por venas de chile!'Un tipo que parece buhonero ambulante deja oír la voz aguda y penetrante del indio. A gritos requiere al público que le compre agujas, alfileres, dedales, botones de camisa, bolas de hilo de algodón, espejitos, etcétera. Detrás de él está el indioi con las tentadoras canastas de fruta; va diciendo el nombre de cada una hasta que la cocinera o el ama de llaves ya no puede resistir más tiempo... Se oye '¡Gorditas de horno caliente!'. Le sigue el vendedor de petates: '¿Quién quiere petates de la Puebla, petates de cinco varas?'Al mediodía los limosneros comienzan a hacerse particularmente inoportunos, y sus lamentaciones y plegarias, y sus inacabables salmodías, se unen al acompañamiento general de los demás ruidos. Entonces, dominándolos, se deja oír el grito de:'¡Pasteles de miel!''¡Queso y miel!''¿Requesón y melado bueno?'En seguida llega el dulcero, el vendedor de fruta cubierta, el que vende merengues, que son muy buenos, y toda especie de caramelos.'¡Caramelos de espelma, bocadillos de coco!'Y después los vendedores de billetes de la lotería, mensajeros de la fortuna con sus gritos:'¡El último billetito, el último que me queda, por medio real!'A eso del atardecer se escucha el grito de:'¡Tortillas de cuajada!' o bien: '¡Quién quiere nueces!', a los cuales sigue el nocturno pregón de: '¡Castaña asada, caliente!', y el canto cariñoso de las vendedoras de patos: '¡Patos, mi alma, patos calientes!' '¡Tamales de maíz!, etc., etc. Y a medida que pasa la noche, se van apagando las voces, para volver a empezar de nuevo, a la mañana siguiente, con igual entusiasmo."




El atuendo

Los caballeros en el campo "Los trajes de los caballeros (en su mayoría españoles, según creo), con sus hermosos caballos, sus altas sillas mexicanas, con las anqueras hechas por lo general de piel negra, bordadas de oro, las chaquetas de magníficas pieles, pantalones con botonadura de plata, sus botas de cuero repujado, estribos de plata y sus graciosas mangas con puntas de terciopelo, negras o de color."

Gente del pueblo "Desde la ventana vemos hombres de color bronceado, con sólo una frazada encima con la que se envuelven, sosteniendo con garbo sobre sus cabezas vasijas de barro, precisamente del color de su propia piel; y llecan en las vasijas dulces o blancas priámides de grasa (mantequilla); mujeres con rebozo, de falda corta, hecha jirones casi siempre, aunque por debajo de la enagua asoma un encaje; sin medias, con sucios zapatos de raso blanco, aun más pequeños que sus pequeños pies morenos. Las indias, con sus ceñidas faldas de tela oscura, el cabello trenzado entretejido con cintas rojas."

El rebozo "El rebozo mismo, tan griacioso y adecuado, tiene el incoveniente de ser la prenda más a propósito, hasta ahora inventada, para encubrir todas las suciedades, los despeinados cabellos y los andrajos. Aun en las mejores clases contribuye al disimulo del daliño en el vestir, pero en el pueblo el efecto es intolerable."

El sarape "El sarape es práctico y elegante, mayormente montando a caballo; pero, aunque de origen indio, la costumbre de embozarse con él procede de la capa española, y la oportunidad que ofrece el sarape para esconder grandes cuchillos y para taparse el rostro y la figura, da lugar a muchos crímenes."





Las mujeres mexicanas

En un fiesta "En conjunto vi pocas bellezas dignas de llamar la atención, poca gracia y muy poco talento para bailar. Había demasiado terciopelo y raso, y los vestidos recargados en demasía. Los brillantes, aunque soberbios, estaban mal montados. Los vestidos, comparados con la moda actual, eran de corto absurdo, y los pies, pequeños por naturaleza, apretados dentro de zapatos aún más pequeños, echaban a perder su gracia al andar y cuando bailaban.Vi ojos soberbios, brazos y manos bellísimos, modelos perfectos para un escultor, en especial las manos, y muy pocos cutis hermosos."

Lo bueno y lo malo"La belleza de las mujeres de aquí consiste en los soberbios ojos negros, en el hermoso cabello oscuro, en la hermosura de brazos y manos, y en su pequeño y bien formado pie. Y sus defectos: de que con demasiada frecuencia son de corta estatura y demasiado gordas, de que sus dientes suelen ser malos, y el color de su tez no es el olivo pálido de las españolas, ni el moreno brillante de las italianas, sino un amarillo bilioso.En cuanto a amabilidad y cariñosos modales, nunca me he encontrado con mujeres que puedan rivalizar con las de México."

La niña "Se considera aquí más cortesano decir Señorita que Señora, aun cuando se trate de una mujer casada; y la dueña de la casa es generalmente llamada La niña, aunque pase de los ochenta."
Las indias "En cuanto a las indias, las que vemos todos los días traer al mercado sus frutas y sus legumbres, son, hablando en términos generales, sencillas, de humilde y dulce apariencia, muy afables y corteses en grado superlativo cuando se tratan entre sí; pero algunas veces se queda uno sorprendido de encontrar entre el vulgo caras y cuerpos tan bellos, que bien puede suponerse que así sería la india que cautivó a Cortés; con ojos y cabello de extraordinaria hermosura, de piel morena pero luminosa, con el nativo esplendor de sus dientes blancos como la nieve inmaculada, que se acompañan de unos pies diminutos y de unas manos y brazos bellamente formados, y que ni los rayos del sol ni los trabajos alcanzan a ofender."
Las criadas "Las criadas mexicanas tienen algunas muy buenas y nuncas desmentidas cualidades. Son modelos de cortesía, humildes, serviciales, de muy buen carácter, y con facilidad se aficionan a quienes sirven. Una de las costumbres más desagradables de las criadas es el de llevar el cabello suelto en todo su largo, enmarañado, sin peinar, y enredándose siempre en todas partes. No puedo comprender cómo las señoras mexicanas, que tanto se quejan de ello, lo permiten. Ese flotar de los cabellos suena muy pintoresco; mas cuando están sucios y como suspendidos sobre la sopa, no es un cuadro muy atractivo, que digamos."
La educación de las señoras "Hablando en términos generales he de deciros que las Señoras y Señoritas mexicanas, escriben, leen y tocan un poco, cosen, y cuidan sus casas y de sus hijos. Cuando digo que leen, quiero decir que saben leer; cuando digo que escriben, no quiero decir que lo hagan siempre con buena ortografía y cuando digo que tocan, no afirmo que posean, en su mayoría, conocimientos musicales.Sucede con frecuencia que las muchachas peor educadas son hijas de hombres muy inteligentes, que pegados a las costumbres de sus abuelos se contentan con que se confiesen con regularidad, asistan asiduamente a la iglesia, y lleguen a bordar y a cantar un poco. Donde se encuentra un criterio más amplio es, sobre todo, entre las familias que han viajado por Europa, y han visto la educación tan diferente que recibe la mujer en los países extranjeros."




La cordialidad mexicana
La cortesía en el campo "Es imposible concebir que nadie pueda superar la humildad y cortesía de la gente pobre del campo. Hombres y mujeres se detienen para darnos los buenos días; ellos, sombrero en mano, y todos mostrando sus blancos dientes mientras sus rostros se iluminan con alegre y confiada bondad."
Está a la disposición de usted.... "Todo es puesto a vuestro servicio: la casa, el coche, los criados, los caballos, las mulas, etc. Las arracadas de las señoras, el alfiler de corbata de los caballeros, el traje de los niños. Si admiráis una sortija, ella será puesta a vuestra disposición; si un caballo, lo mismo. Las cartas están fechadas 'de la casa de usted'. Algunos por ignorancia de esta costumbre, y otros por bellaquería, sacan ventaja de estos ofrecimientos, que sólo son manifestaciones de fineza."
Cumplidos de las señoras"Los modales de las señoras de aquí son amables en extremo. Luego de haber abrazado a cada señora que entra, conforme a la costumbre, es de rigeur el siguiente diálogo:'¿Cómo está usted? ¿Está usted bien?' 'Para servirla, ¿y usted?' 'Sin novedad, para servirla' '¡Cuánto me alegro! ¿Y cómo está usted señora?' 'A su disposición ¿Y usted?''Mil gracias ¿Y el señor?' 'Para servirla, sin novedad'Etcétera, etcétera.Además antes de tomar asiento, se dice: 'Sírvase usted sentarse' 'Usted primero, señorita' 'No, señora, usted primero, por favor' 'Vaya, bueno, para obedecerle a usted, sin ceremonias; soy enemiga de cumplimientos y etiquetas'
Terminada la visita, las señoras vuelven a abrazarse, acompañando a la señora de la casa hasta el descanso superior de la escalera, en donde se repiten los dares y tomares de los cumplimientos.'Señora, ya sabe usted que mi casa es la de usted''Mil gracias, señora, la mía es de usted, aunque inútil, reconózcame por su servidora y mándeme en todo lo que se le ofrezca''Adiós, deseo que usted pase una buena noche'En el primer descanso de la escalera, las visitantes se vuelven para mirar a la señora de la casa y se reproducen los adioses.
Los paseos
Las señoras no caminan por las calles "En México no se practica el paseo a pie, que aquí se considera como poco elegante; y aunque a veces algunas señoras vestidas de negro y puestas de mantilla, se aventuran a andar a pie muy temprano en la mañana para ir a misa o de compras, están las calles en tan mal estado y aceras son tan estrechas , tan compacto el gentío, el hormiguero de léperos en andrajos tan molesto, que todos estos inconvenientes, a los que hay que añadir la fuerza del sol al mediodía, ofrecen una perfecta excusa para que las señoras no se dejen ver en las calles de México"
La Alameda y el paseo de Bucarelli "Nada más agradable que caminar por la Alameda, que es tan hermosa y en donde se goza de una agradable sombra.El paseo llamado de Bucareli, que toma su nombre de un virrey, es una larga y ancha avenida orlada con los árboles que él mismo plantó, y en donde se halla una fuente grande de piedra, cuyas centelleantes aguas se asemejan frescas y deliciosas, y que remata una dorada estatua de la Victoria. Aquí, cada tarde, pero de preferencia los domingos y días de fiesta, se pueden ver dos largas filas de carruajes llenos de señoras, multitud de caballeros montando a caballo entre los espacios que dejan los coches, sodados, de trecho en trecho, que cuidan el orden y una muchedumbre de gente del pueblo y de léperos, mezclados con algunos caballeros que se pasean a pie.
Casi todos los carruajes son de una extraordinaria belleza. Junto a los carruajes más elegantes pueden verse algunos coches de alquiler tirados por mulas. Como la mayor parte de los coches son cerrados, sólo permiten ver a medias a los que van en el interior, cuando pasan cambiando saludos con un movimiento de los dedos o con el abanico.
Los jinetes, con sus finísimos caballos, y vestidos con hermosos trajes a la mexicana, parecen no advertir el paso de las damas, rara vez las saludan y nunca se atreven a entablar conversación con ellas."
La Viga "Este paseo ahora se está poniendo de moda. Le bordea un canal, con árboles que le dan sombra, y que conduce a las Chinampas y se ve siempre lleno de indios con sus embarcaciones en las que traen fruta, flores y legumbres al mercado de México. Muy temprano en la mañana, es un agradable espectáculo verlos cómo se deslizan en sus canoas, cubiertas con toldos de verdes ramas y flores."

martes 3 de noviembre de 2009

Usos y costumbres de la sociedad decimonónica

martes 3 de noviembre de 2009
Como comportarse en sociedad
La esposa del señor Presdiente Don Porfirio Díaz ,Carmelita Romero Rubio le enseño al señor Presidente que no era correcto: Escupir en los tapetes, usar palillo para escarbarse los dientes después de comer, poner los codos sobre la mesa, hacer buches, andar desaliñado: "Porfirio: córtate el bigote, no olvides usar tus polvos de arroz que son los que te blanquean, como la gente decente.
Pero no sólo el señor presidente padeció todos estos regaños de buenos modales.

La modernización no sólo exigía transformar a las ciudades más importantes del país sino también racionalizar a la sociedad e incidir en los hábitos y el aspecto de sus habitantes. Las elites deseaban que los mexicanos adoptaran las prácticas que ellos habían hecho suyas y que consideraban positivas para el progreso material y moral de la nación y para el bienestar de los propios individuos.

Por otro lado, pretendieron que fueran trabajadores, ahorrativos y que no se emborracharan ni apostaran, pues pensaban que así tendrían dinero para vestir a su familia “decente”, o lo que era lo mismo, a la europea.
¿Como ilustrarse en las artes del buen comportamiento?

El papel fundamental de la mujer como madre y esposa es reforzado con manuales de urbanidad, las revistas femeninas, las imágenes publicitarias, las novelas de folletín para señoras y los sermones repartidos en forma de hoja suelta y que llegaban al público femenino que describía las costumbres y los rituales , las distracciones y las modas.

Los manuales estaban dirigidos al sector social “más educado”, evidentemente el que sabía leer y escribir, o cuando menos leer. Los manuales estaban asociados para la comunidad urbana, sectores medios ilustrados y seguidores fieles de una tradición cristiana. Por tanto, se pueden considerar como la expresión de quienes algún tipo de instrucción y por consiguiente concedían a la escritura un lugar “como estrategia modernizante y civilizada”.

Si consideramos que en 1895 sólo el 14 % de la población sabía leer y escribir en 1910 dicha proporción había aumentado apenas un 20 %. Sin embargo, la gran cantidad de publicaciones que hubo en ésta época nos indica que un mayor porcentaje de la población gozaba de la lectura.


Ideal de mujer y de varón

En principio podemos suponer que todas las mujeres y los hombres del mismo nivel social hacían las mismas cosas en su espacio privado, público y en la vida diaria.
El matrimonio siguió siendo el momento culminante en la vida de las mujeres y se organizó con mucho cuidado: una preocupación en la vida de la futura esposa y de la propia desposada.
De acuerdo con los manuales de urbanidad las mujeres de la ciudad de Tulancingo deberían casarse a la edad de 18 años.



De lo contrario tendrían que evocar al milagroso San Antonio:
San Antonio milagroso
Yo te suplico llorando
Que me des un buen esposo
Porque ya me estoy pasando

En cuanto a las características del vínculo matrimonial, tanto el canónico como el civil, con excepción de contadas circunstancias, consideraban al matrimonio como un lazo indisoluble, por lo que prohibían el divorcio.
El modelo de conducta para la buena armonía de la sociedad y de la familia se refleja, se refleja en la epístola redactada por Melchor Ocampo que se leía a los contrayentes al momento de casarse, establecía como obligación del varón:
El hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil.
La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo.

En lo tocante a los deberes asignados a los contrayentes, era común en la época considerar que el marido estaba obligado a proteger a la familia y dotarla de sustento económico.
Así, mientras el varón podía salir al mundo público, se consideraba como deseable que ella permaneciera en el hogar y se veía mal que anduviera en la calle, es decir, se reservaba el ámbito doméstico. La separación de funciones y de espacios se justificaba con argumentos supuestamente “científicos”, pues se decía que cada género poseía atributos orgánicos que lo destinaban a cumplir con su misión.

Educación ¿Para qué?

La educación que se impartía a las mujeres obedecía a este esquema. No se buscaba educarlas para que fueran capaces de trabajar fuera del hogar, sino para que fueran buenas esposas y madres. Así, se les enseñaba a leer y escribir, a hacer cuentas y las “labores mujeriles”, como la costura. Si bien la ley no les impedía ingresar a instituciones de enseñanza superior, ello no estaba bien visto por la comunidad y las familias lo prohibían, por lo que muy pocas jóvenes lo hicieron.
En el caso de la familia de clase baja la asimilación de esta ideología hizo que la subordinación de la mujer sirviera para desvanecer la conciencia de clase, ya que el hecho de que él se considere superior a ella lo gratifica y le hace más aceptable la situación de inferioridad con respecto a la clase en el poder.
En los manuales de higiene, en las revistas dirigidas a la familia e incluso en las aulas, se difundió la idea de lavar el cuerpo y la ropa era requisito para la salud. La falta de baño se debía principalmente a la carencia de agua en la vivienda o a la escasez de establecimientos públicos que ofrecieran estos servicios.
Era costumbre de las familias asistir a los espacios públicos escenario de festividades. Diferente trato se les confirió a las fiestas religiosas y a las cívicas. Las autoridades se esforzaron por suprimir las primeras, que eran vistas como signo de atraso o como una invitación al desorden por las autoridades. Sin embargo muchas de ellas siguieron celebrándose.

Las actividades cívicas sirvieron para difundir la visión de la historia y exaltar a los héroes esenciales del régimen, además de cómo pretexto mostrar los adelantos del ejército, pues las fiestas culminaban con desfiles militares o hacer patente el progreso de la nación.


La sociabilidad

Las familias acomodadas adoptaron espacios modernos de convivencia y sociabilidad, como las asociaciones y los clubes. Las principales ciudades se crearon sociedades cuyos miembros se reunían periódicamente para comentar trabajos científicos o literarios. Por otro lado, se fundaron clubes como el francés, el italiano, el alemán, el español, donde se conversaba, se acordaban negocios o se organizaban bailes. Los bailes de los grupos privilegiados se efectuaban en sitios especiales.
Por su parte, las clases medias solían asistir a bailes auspiciados por las sociedades mutualistas; por ejemplo, También existieron bailes públicos, estas fiestas contaban con permiso del ayuntamiento para extenderse hasta la madrugada, pero fueron objeto de recelo y vigilancia pues se decía que en ellas se bailaban danzas indecentes, como el danzón, y se cometían todo tipo de anormalidades y laboraban prostitutas clandestinas.

El tiempo libre

El Estado, en su afán por ordenar a la sociedad y moldear la conducta de los hombres, normó el uso del tiempo libre. Se creía que el ocio propiciaba el vicio, mientras que las costumbres, la moral y la vida familiar se verían beneficiadas si el individuo pasaba sus horas de asueto en compañía de su esposa e hijos, asistiendo a diversiones sanas o practicando deportes.
Por otro lado, las comunidades de extranjeros que habitaban el país practicaban los deportes propios de sus países y los mexicanos los imitaban. Por ejemplo, el fútbol de los ingleses predominó en ciudades como Pachuca.

Las buenas costumbres estuvieron sujetas a la moderación de la conducta como lo explica el Manual de Carreño:
"Acostumbrémonos a ejercer sobre nosotros todo el dominio que sea necesario para reprimirnos en medio de las más fuertes impresiones. Las personas cultas y bien educadas no se entregan jamás con exceso a ninguno de los afectos del ánimo: y sean cuales fueren los sentimientos que las conmuevan, ellas aparecen más o menos serenas, con más o menos fuerza de espíritu, pero siempre moderadas y discretas, siempre llenas de dignidad y decoro. Los gritos descompasados del dolor, de la sorpresa o del miedo, los saltos y demás demostraciones de alegría y de entusiasmo, los arranques de ira, son tan característicos de las personas vulgares, como la impasibilidad, la indiferencia y el indolente estoicismo de las personas de mala índole y de una alma innoble y sombría".



Comentario Final
A manera de conclusión se puede afirmar que en la reiteración del discurso sobre un ideal femenino, el contenido no se contradice en los textos. Por el contrario, en ellos se percibe la intencionalidad en la forma narrativa de la reproducción de la ideología tradicional y católica que hace evidentes las paradojas y contradicciones de esta representación de la mujer “ideal”, donde se conjuga el “deber ser” con una realidad que las enfrenta y contrapone con el discurso. Evidentemente hay un cambio constante en las prácticas sociales que hace distinta la realidad donde la mujer opera; sin embargo, estos cambios son difíciles de percibir en el discurso analizado. El problema está en los modos como dicho discurso se apropia y se aplica de manera intencional y diferenciada en un tiempo determinado. Sólo con el estudio cuidadoso de estas prácticas es posible percibir las distintas modalidades en el comportamiento femenino, frente a un discurso que parece inconmovible.

viernes 23 de octubre de 2009

El invento de la homosexualidad en México...crónica de un baile de bigotes y abanicos

viernes 23 de octubre de 2009
En los albores del siglo XX mexicano, la sociedad porfiriana, sujeta a una rígida moral no estaba dispuesta a ver o soportar conductas fuera de lugar.
Corría el año 1901 y en la madrugada del 18 de Noviembre...un agente de la policía haciendo su rutinaria recorrida...nota que en la calle de la Paz…se estaba celebrando un baile…llamo a la puerta para verificar si contaban con el permiso correspondiente ...de acuerdo con lo que cuenta el periódico de la época…”El popular”….“salió a abrirle un afeminado…vestido de mujer...con la falda recogida…la cara y los labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso su habla” Espantado por la figura..el policía ingresa a la casa...y se encontró con la fiesta que celebraban 41 homosexuales…19 de ellos vestidos de mujer.
A pesar de los esfuerzos de Díaz por acallar a la prensa y evitar el "escándalo", la cobertura periodística dio tintes de chisme nacional a la noticia. Aquí una nota informativa de la época:
"La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a. calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos.
No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos."
En una hoja suelta se pueden leer los siguientes versos:
"Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ [...] /La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ [...]". Con el subtítulo "Aquí están los maricones muy chulos y coquetones", los versos rezan: "Hace aún muy pocos días/ Que en la calle de la Paz,/ Los gendarmes atisbaron/ Un gran baile singular.// Cuarenta y un lagartijos/ Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ Bailaban como el que más.// La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ Gozaban al estrechar/ A los famosos jotitos.// Vestidos de raso y seda/ Al último figurín,/ Con pelucas bien peinadas/ Y moviéndose con chic."
"Abanicos elegantes/ Portaban con gentileza,/ Y aretes ó dormilonas/ Pasados por las orejas.// Sus caras muy repintadas/ Con albayalde ó con cal,/ Con ceniza ó velutina..../ ¡Pues vaya usté á adivinar!// Llevaban buenos corsés,/ Con pechos bien abultados/ Y caderitas y muslos....../ Postizos....pues está claro.// El caso es que se miraban/ Salerosas, retrecheras/ Danzando al compás seguido/ De música ratonera.// Se trataba, según dicen, / De efectuar alegre rifa/ De un niño de catorce años,/ Por colmo de picardías.// Cuando más entusiasmados/ Y quitados de la pena,/ Se hallaban los mariquitos/ Gozando de aquella fiesta.// Pum! que los gendarmes entran/ Sorprendiendo á los jotones!/ Y aquello si fué de verse..../ ¡Qué apuros y que aflixiones!// Algunos quieren correr,/ O echarse dentro el común/ Otros quieren desnudarse/ A otros les dá el patatús.// Una alarma general..../ Lloran, chillan, y hasta ladran,/ ¡Qué rebumbio! ¡Qué conflictos!/ Pero ninguno se escapa.// A todos, uno por uno/ La policía los recoje,/ Y á Tlapisquera derecho/ Se los va llevando al trote".
Las crónicas de los primeros días insisten: son 42 los detenidos. Luego, quedan 41, así nomás, y eso aviva el rumor que será leyenda que será "verdad histórica": el prófugo, que paga a precio de oro su libertad y al que se le permite huir por las azoteas, es don Ignacio de la Torre, casado con la hija de Porfirio Díaz. Más que ningún otro hecho, la presencia del Primer Yerno de la Nación señala la Redada y le confiere el ingreso firme a la memoria histórica, pese a la imprecisión de las noticias, la ausencia de foto y el que del grupo sólo tres proporcionan su nombre verdadero: Jesús Solórzano, Jacinto Luna y Carlos Zozaya.
A la presencia mitológica de Nacho de la Torre se unen los pertenecientes "a familias conocidas y de buena posición". El Popular ataca: "además de eso, va resultando que todos son pollos gordos, algunos riquillos que la portan; criados en paños azules".
Los ataques a la moral no debieron ser tantos, porque en la siguiente etapa, el número de los enviados a Yucatán, de leva en el Ejército, ya se ha reducido considerablemente. Son apenas 19. Sin temor de calumniar la honradez proverbial del aparato de justicia en el México de 1901, es seguro que 22 o 23 víctimas de la Redada compran su libertad, El Popular (24 de noviembre de 1901) explica la merma sin demasiada convicción:
Ya escrito lo anterior (los acontecimientos) y con datos adquiridos de buena fuente, sabemos, y esto lo declaramos porque es honrado hacerlo, que entre muchos de los aprehendidos por la policía en el baile de la Cuarta calle de la Paz, había algunos individuos que fueron víctimas de un verdadero chasco pues que en las primeras horas de la noche del domingo se repartieron en varias cantinas unas tarjetas firmadas por una señora Vinchi en las que se invitaba a un baile en la casa citada esa misma noche.
Como era natural, hubo algunos que supusieron se trataba de unos tantos bailes que se dan en ciertas casas y acudieron para llevarse el gran chasco que ahora deben lamentar hondamente.
¡Oh ingenuidades de la prensa vendida! El redactor de El Popular sabía seguramente que ningún lector le creería, pero la estrategia del ocultamiento sólo tiene un propósito: que el costo entero de la Redada lo paguen los travestis. Y esto se consigue con alguna variante. La prensa se escandaliza ante el reclutamiento forzado. Así, Daniel Cabrera se indigna y escribe en El Hijo del Ahuizote el artículo "La aristocracia de Sodoma al servicio nacional":
...pero si podemos decir que hasta hoy las autoridades políticas han considerado al servicio de las armas como un castigo, han confundido los cuarteles con las casas de corrección y con las cárceles y a los abigeos, a los vagos, a los incorregibles, les penan haciéndoles cargar el fusil, como en tiempos atrás se hacía empuñar la pata a los huéspedes de las Acordadas.
El ejército no puede recibir en sus filas a individuos que han abdicado de su sexo, la Nación no debe honrar con el ahogo ni a quienes se han degradado con los usos del colorete y los vestidos de las prostitutas, ni a los que les sirvieron de parejas.
Afortunadamente, la mordaza que ponen en nuestro labio el respeto al pudor y las buenas costumbres, no puede impedirnos protestar por honra del Ejército, guardián de la paz y parte de la sociedad en que vivimos, contra la consignación de los pederastas al servicio de las armas nacionales. (24 de noviembre de 1901) La lista de los 41 nunca se divulga y a ninguno de los personajes conocidos se le delata por escrito. Se aplasta la perversión, pero si los pervertidos son ricos sus nombres se confían a los patíbulos del chisme. A los gays de la élite los invisibilizan sus vínculos con el poder, y sólo padecen las asechanzas del rumor, aureola de la degradación y fiesta de los necesitados de superioridad moral instantánea. Y nadie desmiente nunca (sería disminuir el hecho nefando) la presencia en la fiesta de Nacho de la Torre.
Queda una pregunta: ¿por qué el poder absoluto del dictador no elimina los rumores sobre su yerno? De seguro porque ciudad todavía chica infierno divulgado. ¿Y a qué otras personas se les endilga el milagrito de los 41? Además de Antonio Adalid la información es vaguísima. El periodista y cronista Alfonso Taracena cita con encono al periodista Chucho Rábago, y el chismerío antiguo de Sinaloa incluye a un hacendado, el solterón Alejandro Redo, que manda construir un aviario de grandes dimensiones en donde pasa las tardes. Los demás "aristócratas pervertidos" muy posiblemente se asilan en sus matrimonios o emigran.
Lo más significativo de la Redada de los 41 es, reiteradamente el hecho mismo de la detención arbitraria y sin asideros legales de un grupo que se divierten una noche de sábado. Se alegó que los 41 "carecían de permiso" para efectuar la fiesta. En las crónicas de época jamás se menciona la exigencia de permisos o notificaciones previas de reuniones. Por eso no extraña el comentario de El Hijo del Ahuizote (noviembre de 1901).
¿Qué piensan de sí mismos los detenidos en el baile de Los 41? A estas alturas es imposible entrevistarlos y a través de las circunstancias de la época es imposible no entrevistarlos. Se consideran seres alojados en la anormalidad que es simultáneamente el presidio de los pecadores y el edén de los gozadores; se piensan mujeres atrapadas en cuerpo de hombres; se sienten víctimas de un perverso designio de Dios; se juzgan desviaciones que arrasan por instantes con los controles de la formación católica. Nacieron así y se han construido no como homosexuales (el término no circula), sino como la especie doble o triplemente degradada: los maricones, sean clandestinos o no tengan ya nada que perder. Si, de acuerdo a Didier Eribon, todo homosexual aprende a hablar dos veces, en su segundo aprendizaje los invertidos del porfiriato, anhelan el equilibrio entre la hipocresía (que es sobrevivencia) y el apetito sexual que cuando se desata hace añicos las imposiciones de la Decencia.
Aunque no lo parezca, la Redada, por así decirlo, inventa la homosexualidad en México. Para empezar, ya los que comparten las inclinaciones están al tanto de su suerte: pudieron formar parte de los 41, y se salvaron al menos esa vez. Al precisar el límite social y penal de los homosexuales, la Redada hace vislumbrar las fragilidades del determinismo. Si el estigma cubre a todos, los castigos físicos sólo a unos cuantos les llegan, y no todos ni muchos menos tendrán que barrer las calles en algún momento. Por más desconfiado que sea, por más en secreto que viva, cada homosexual luego de la Redada ya no se siente solo: en el espíritu de la orgía interrumpida, le acompañan los otros 41, y los secundan también los gendarmes. Diversión y represión. Si los homosexuales ya existían y el Baile delata una mínima pero ya y sólida organización social la Redada, al darle el nombre ridiculizador a la especie (Los 41), modifica el sentido de esa colectividad en las tinieblas: de anomalías aisladas ascienden a la superficie del choteo, y esta primera visibilidad es un paso definitivo.

lunes 5 de octubre de 2009

Las letras prohibidas por la inquisición...el silencio del virreinato

lunes 5 de octubre de 2009
Cualquier mexicano en la actualidad, podrá encontrar, sin muchos problemas, una copia de la película inglesa Las relaciones peligrosas (Dangerous Liaisons, 1988), dirigida por el inglés Stephen Frears y las actuaciones estelares de John Malkovich, Glenn Close y de Michelle Pfeiffer.
Con un poco más de interés, hallará una traducción al castellano de la novela homónima que le dio origen, Les Liaisons dangereuses, escrita en 1781 por el francés Pierre Ambroise François Choderlos de Laclos, un general brigadier del ejército napoleónico.
Lo que pocos entre estos consumidores culturales nacionales podrían imaginar, es que durante el Virreinato, cuando el territorio mexicano era administrado por la Corona Española, el acceso a esta lectura era muy difícil. Y no sólo porque los libros eran privilegio de ciertas clases sociales, pues eran caros y había muy pocos letrados, sino porque durante ese periodo, la novela, editada en Ámsterdam en 1783, fue prohibida por “obscena en sumo grado” por el temible Tribunal del Santo Oficio.
Es decir, leerla y ser descubierto hubiera implicado enfrentar a la Santa Inquisición.Aunque los delitos que perseguía el Tribunal del Santo Oficio eran muy variados, y su número ascendía a 120, los relacionados con los libros prohibidos eran tan abundantes que ocupaban el quinto lugar. Y la lista estaba encabezada por todas las publicaciones de Martín Lutero y sus partidarios, pues se consideraba que el vulgo no tenía por qué enterarse de las diferencias teológicas en la Iglesia.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII la institución prefería publicar edictos tres o cuatro veces al año con un promedio de 150 títulos, tanto con prohibiciones locales como con las enviadas por el Vaticano o por la Corona. El que desobedeciera el edicto se enfrentaba a la excomunión mayor, es decir, que era expulsado del cristianismo. Y esto, podía tener consecuencias más que espirituales, por ejemplo, si enfermaba, nadie de la comunidad católica podía asistirle.
En estas prohibiciones existían tres categorías. Primero los prohibidos absolutamente “aún para los que tienen licencia para leer libros prohibidos”; después los prohibidos in totum (es decir, en total) y finalmente los mandados expurgar, es decir, aquellos de los que sólo se censuraban palabras o párrafos, ya sea mediante tachones o pegando hojas blancas encima de las páginas censuradas.
Contra lo que pudiera pensarse, aunque en teoría el poder de la Inquisición era rígido y temible, en la práctica, era un barco que hacía agua por todos lados, especialmente en el México del siglo XVIII. De hecho, desde el siglo anterior ya no había quemas de libros, pues carecía de la fuerza necesaria para hacerlo.
El listado de libros prohibidos era muy amplio, pues no sólo refería a los objetos encuadernados, sino que incluía desde hojas y folletos hasta obras de varios volúmenes. Esta lista tenía el nombre de Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o Índice de libros prohibidos y fue creado en el año 1559 por la Sagrada Congregación de la Inquisición. Era tan voluminoso, que por ejemplo, el Nouus index librorum prohibitorum et expurgatorum editado en 1632 tenía 991 páginas. En el edicto de 1786, con el que el especialista ejemplificó estas prácticas del México Virreinal, aparecía El sofá, cuento moral impreso en la India en 1778 y que aprovechaba la creencia oriental de la trasmigración de las almas, para que el autor narrara las aventuras eróticas que ocurrieron sobre él en una vida anterior, cuando era precisamente ese tipo de mueble.
La imprenta estaba en su apogeo durante la Francia del siglo XVIII, y la Revolución publicaba libros en español y los enviaba a España y sus territorios, acusándola de fanatismo, atacando al Santo Oficio y a la institución monárquica. La novela era un medio para que sus líderes difundieran sus propias ideas. Por ello, la respuesta más común a la Inquisición cuando preguntaba los motivos de leer los libros prohibidos de Voltaire, Rousseau o Diderot, era simplemente que eran muy entretenidos.
No sólo se prohibían los libros que atacaban a la Iglesia o contenían anatemas en contra de sus prédicas, sino incluso aquellos que reafirmaban sus dogmas. De forma paradójica, La Biblia es quizá el gran ejemplo. La lectura del libro sagrado católico fue prohibida en el siglo XVI bajo el argumento de que se prestaba a malas interpretaciones de su contenido y sólo fue permitida hasta mediados del sigo XVIII.Hablar sobre Inquisición remite a nociones de represión y censura. Y esto puede ser porque censurar que era una de las ocupaciones más importantes del Santo Oficio. Llevar los propósitos de la censura al campo de la literatura implicó bastantes problemas ya que en un texto poético algunas imágenes, algunas metáforas, exclamaciones o declaraciones poseen un sentido poco claro. Así, a los calificadores del Santo Tribunal no les fue fácil trazar una línea que dividiera lo ortodoxo de lo heterodoxo en este terreno.Por más que poseyeran “una brújula infalible: el dogma”

En general, puede decirse que cualquier textos que revelaran una conducta poco conforme con la que se considera propia de católicos o de buenos súbditos de la Corona Española podían ser sujetos a este tipo de proceso y censura pública y aceptada, que convivía y, la más de las veces, se confundía, con ella. Es que, finalmente, si se quiere conocer facetas excluidas del canon, no queda sino buscarlas en lugares eludidos y quizás menos evidentes, como pueden ser los archivos inquisitoriales, verdadera encrucijada de la ortodoxia con la heterodoxia.

martes 29 de septiembre de 2009

Crónica de una muerte anunciada: 2 de octubre de 1968

martes 29 de septiembre de 2009
El viernes 2 de octubre del año 2009 se cumplen 41 años de la matanza de Tlatelolco, “2 de octubre no se olvida” dice la consigna que desde entonces se usa durante su conmemoración. Y en efecto el 2 de octubre es una fecha permanente en la memoria de todo aquel que se presume ser mexicano, sin embargo, después de 41 años la memoria se desgasta y el imaginario colectivo olvida los acontecimientos de tal fecha.
Todos sabemos que el 2 de octubre de 1968 hubo una matanza en Tlatelolco, que el gobierno orquesto una matanza de estudiantes que luchaban por…por… ¿Por qué luchaban los acaecidos en la Plaza de las Tres Culturas?

El imaginario colectivo se nubla y las narraciones no alcanzan a cubrir los hechos de esos días, es por eso que en este post hablare de los sucesos de ese día desde un punto de vista objetivo que deje a un lado las etiquetas de héroes y víctimas de este día.

Antecedentes del 2 de octubre

En 1968 miles de jóvenes salieron a las calles a luchar por derechos democráticos que los gobiernos autoritarios de la burguesía no les respetaban. Es el periodo en que el corporativismo obrero tenía bajo su control a más de 3 millones de trabajadores, cuando las organizaciones juveniles habían sido cooptadas, ya sea por soborno o por represión, por el partido en el poder (PRI) y cuando a nivel internacional, ante los fulgores de la revolución en Francia, se había llegado a tocar la cabeza de algunos dirigentes estudiantiles.

La fuerza y velocidad con que se desenvolvió la movilización sorprendió no nada más al gobierno, sino al mismo movimiento. Todas las escuelas de la UNAM, el Poli, Chapingo e incluso muchas de las escuelas privadas en el DF fueron puestas bajo control de los comités de huelga formados a partir del decreto de la huelga indefinida.

El apoyo de los trabajadores no tardó en llegar, los sindicatos democráticos como el SME o las corrientes sindicales que previos años atrás habían dado luchas por la democracia sindical apoyaron de forma entusiasta este movimiento. Sin embargo este apoyo no paso de ahí, un apoyo, cuando lo ideal hubiera sido la formación de un pliego petitorio único para engarzar la lucha conjunta de los trabajadores y jóvenes. El apoyo debió de convertirse en lucha única.
La respuesta del Estado desde el primer momento fue la represión.

Ese día…ese terrible día

El 2 de octubre de 1968, se celebró un mitin público que fue anunciado para empezar a las 17:00 horas en la Plaza de las Tres Culturas, en el cual se encontraban una gran variedad de gente: Padres de familia con niños pequeños, estudiantes, trabajadores, obreros. Los oradores exigían en tono verbal agitado que terminara la represión violenta ejercida por las diferentes fuerzas policíacas, cuando de pronto se dejaron oír ráfagas de ametralladora sin saber exactamente de donde venían.
La gente empezó a correr tratando de escapar en un pánico ciego, lo que produjo muchos lesionados. Durante estos momentos de caos, francotiradores situados en los edificios de la Unidad Habitacional de Tlatelolco empezaron a disparar en contra de las unidades del ejército que se encontraban ahí.


El tiempo, las 18:10. La batalla se generaliza oyéndose ráfagas de ametralladora interrumpidas por largos lapsos de silencio y después del silencio, las ráfagas de nuevo.

La mayoría de los disparos en contra del ejército se hicieron desde el edificio 16 de Septiembre: el ejército respondió usando 2 tanques que dispararon con sus cañones en contra del edificio. Esto produjo inmediatamente un incendio y un número desconocido de víctimas que debe de haber sido muy grande.

Muy pronto se hicieron numerosas llamadas telefónicas a la Cruz Roja y a la Cruz Verde para que atendieran a las víctimas y para que las transportaran a las clínicas y hospitales que les pudieran ofrecer ayuda médica. Las ambulancias hicieron una cantidad innumerable de viajes con los heridos durante toda la noche.

En estos momentos se puede observar una gran cantidad de heridos, pero ningún muerto. El rumor empieza a circular de que hay dos soldados muertos.
Aunque la batalla se llevaba a cabo en toda la unidad habitacional, sólo se podían ver dos camiones quemados a las 19.30 horas.

Muchos curiosos que se encontraban en el lugar de los hechos recibieron heridas de bala. Como decíamos antes, hay varias versiones de los acontecimientos y de cómo empezó la balacera. A las 19:40 horas circulaban dos de ellas. La primera dice que 3 helicópteros se encontraban volando sobre el lugar, cuando de pronto uno de ellos dejó caer una luz verde, que se asume fue la señal para que el ejercito empezara a atacar.
La segunda dice que una patrulla policíaca pasaba frente al edificio 16 de Septiembre, cuando fue atacada con armas de fuego y testigos aseguran que miembros de la policía montada empezaron a disparar en contra de los habitantes del edificio. Inmediatamente después llegó el Ejército con sus tanques, abriendo fuego con sus cañones y provocando un incendio que se extendió con rapidez.
Los oradores hicieron un esfuerzo desesperado para controlar esta situación tan violenta, pidiendo a los asistentes que no hicieran nada que provocara una reacción del ejército o de la policía.

Un helicóptero bajó mucho sobre la Plaza de las Tres Culturas, donde se llevaba a cabo el mitin y dejó caer una luz verde. De inmediato se inició la balacera y el ejército inicio sus operaciones.

A las 19:15 horas en el punto más feroz de la violencia. La balacera se extiende desde la calle Manuel González en el norte a la calle Sol, lo que incluye la totalidad de la Unidad Habitacional de Tlatelolco. Grupos de granaderos se ven por todas partes persiguiendo a los estudiantes y disparando a matar con sus rifles.

A las 19:15 horas un Volkswagen blanco, circula a alta velocidad por la calle Manuel González, se detiene por unos momentos en la Glorieta Peralvillo, dispara varias veces a los soldados y escapa.

A las 19:45 horas en la calle Prolongación de San Juan de Letrán y Sol unos 100 estudiantes hacen un mitin, y el orador los arenga a través de un megáfono, para que se mantengan unidos sin tenerle miedo a la muerte.
De repente una camioneta panel blanca llega ahí y se estaciona, todos los muchachos se dispersan hacia el sur. En las calles de Zarco y Nonoalco se ve un autobús de la línea San Rafael-Aviación destruido. En las calles de Guerrero y Nonoalco se encuentra otro de la línea Guerrero-San Lázaro en llamas.


En Lerdo y Nonoalco hay un autobús de la línea Peralvillo-Tlanepantla en ruinas.

A las 20:00 horas se ven escenas desgarradoras de padres de familia buscando a sus hijos por los alrededores. Por el edificio de Relaciones Exteriores se puede ver a una señora cargando a una niña de tres años, camina unos pasos y se desmaya.

A las 20:19 horas El Ejército entra en masa a la Plaza de las Tres Culturas con varios carros ligeros de combate y un gran número de soldados. Al mismo tiempo, aproximadamente 100 estudiantes fueron conducidos a San Juan de Letrán en 18 transportes militares como prisioneros.
Por más de 30 años el Gobierno Federal ha negado la existencia de detenidos y desaparecidos en el Campo Militar Número Uno, sin embargo, documentos oficiales de la Procuraduría General de la Republica y de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad sobre la represión del 2 de Octubre de 1968, localizados en el Archivo General de la Nación, desmienten las versiones que prevalecieron por más de tres décadas.

Después de que el ejército entró a la Plaza de las Tres Culturas se podía ver una gran cantidad de muertos. Algunos de los cuales, se empezaba a amontonar, unos sobre otros.
A las 20:45 horas empieza un incendio en el edificio Chihuahua sobre el cual concentra su fuego el ejército porque piensan que ahí se encuentran los miembros del Consejo Nacional de Huelga.
Alguien dice que hay 17 muertos en el atrio de la Iglesia de Santiago.
El Ejército ha capturado y tiene prisioneros a 400 estudiantes en la parte de atrás del edificio de Relaciones Exteriores.

Llegan más refuerzos del ejército, los granaderos y otras fuerzas policíacas a la Unidad Nonoalco.

En la Plaza de las Tres Culturas una ambulancia militar transporta a dos muchachas. No se sabe si están heridas de gravedad.
Entre las calles de San Juan de Letrán y Tacuba se puede ver un tranvía quemando. Entre las calles de San Juan de Letrán y 16 de Septiembre un camión de limpieza es consumido por el fuego

Un testigo recuerda el arribo de la Brigada Olimpia que estaba integrada por agentes especiales, muchos de ellos tan jóvenes que se podían confundir fácilmente con los estudiantes, y que sólo se identificaban por un guante blanco en la mano izquierda. Estos soldados entraron a todos los departamentos de los edificios en busca de estudiantes, armas o testigos de las atrocidades.

Es una situación Dantesca con muchos padres, madres, hermanos y otros familiares buscando a sus seres queridos. Van de un lugar a otro preguntando y tratando de encontrar a sus familiares.

Se llenan de pánico cuando se enteran de que algunos de los edificios han sido ametrallados por el ejército o que los granaderos disparaban a los estudiantes por la espalda. La otra versión del inicio de la masacre dice que ya iba a terminar el mitin cuando se vio pasar un grupo de muchachos que parecían estudiantes. Se dirigían al edificio Chihuahua, hacia el balcón que usaban los oradores. Este grupo era parte de la Brigada Olimpia, una unidad especial de la policía integrada por soldados, policías judiciales y otros. Llevaban un guante blanco en la mano izquierda para identificarse.

Entraron al edificio y llegaron al balcón donde estaban los dirigentes del movimiento estudiantil, trataron de detenerlos y ellos resistieron, así que los miembros de la Brigada Olimpia empezaron a disparar cuando vieron una luz verde que se lanzó desde un helicóptero que descendió bastante bajo. Del edificio Chihuahua se difundió la balacera a todos lados.
En la parte de atrás de la Iglesia de Tlatelolco hay más de mil estudiantes detenidos por el ejército. En un elevador del edificio Chihuahua se encuentran como 60 estudiantes en calzoncillos con la cara hacia la pared y las manos en la nuca.
Hacia las 24:00 horas se pueden ver unas mil doscientas personas detenidas en la parte oriente de la Iglesia de Tlatelolco. Entre ellos, estudiantes, padres y madres de familia, obreros, empleados de oficina y hasta niños. Por todos lados se ven escenas desgarradoras. Se oyen gritos desesperados de angustia y se ven las figuras en la oscuridad de aquellos que buscan, con frecuencia en vano, a aquellos familiares que han desaparecido
Algunos números de ese día: 15.000 proyectiles disparados (cifra oficial), 8.000 militares de varios cuerpos destacados en la acción, 300 medios armados entre tanques, medios blindados y jeeps con ametralladoras. Todo esto para reprimir una manifestación pacífica, por el viejo procedimiento de las provocaciones de los militares de paisano infiltrados entre los manifestantes, a las que contestan los militares con uniforme. El resultado fue de no menos de 700 heridos, un número de muertos que oscila entre 150 y 300, algunos de los cuales probablemente fueron arrojados al océano desde aviones militares, 5.000 estudiantes detenidos, algunos de ellos sometidos a torturas y falsas fusilaciones y 300 de ellos permanecieron en la cárcel hasta la amnistía de 1971.

Conclusiones
Al día siguiente, Tlatelolco amanecio limpio...nada había pasado ahí, los restos de sangre fueron lavados con agua, los zapatos tirados por miles de asistentes al mitín terminaron en los botes de basura, los desapareciods y muertos se confundieron entre si. El silencio cubrio la memoria y el 12 de octubre iniciaron los Juegos Olimpicos.

Hace 41 años el pueblo sabía que las cosas estaban mal, marchaban juntos estudiantes, obreros y maestros, la gente en las calles apoyaba su causa, había un sentimiento de unidad, se luchaba por ideales, se buscaba transformar al país, y al igual que en varias partes del mundo se buscaba hacer un mundo mejor.

Hoy, la mitad del pueblo cree que estamos mejor que nunca, la otra mitad vivimos con resentimiento y creemos que las cosas están peor que nunca, la juventud está dividida y sin ideales, el país va camino a un charco profundo de mierda…
Sin embargo las marchas continúan, la gente gritará ¡2 de octubre no se olvida! pero creo que como pueblo no hemos aprendido a buscar otro camino, a perfeccionar los métodos del pasado, a aprender de los errores y mantener la lucha y los ideales en otro nivel, un nivel por encima de ellos.


El 2 de octubre debe de servir como lección de Gobierno y gobernados, su conmemoración no debe ser el pretexto para vandalizar o violentar lo que se gano con la sangre derramada en Tlatelolco, golpear para ser golpeados no libera...tampoco el olvido es por eso que ¡2 de Octubre, no se olvida!


 
Design by Pocket Distributed by Deluxe Templates